Vimos actuar a Dios en Costa Rica

Blog mayo 3, 2021
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El primer viaje misionero It Is Written después de levantarse las restricciones por causa de la pandemia, produce inspiradores resultados.

1 de mayo de 2021 | Greeneville, Tennessee, Estados Unidos | Por Ellen Metcalf, It Is Written

En marzo de 2021, It Is Written (IIW) (Escrito está), un ministerio de apoyo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, llevó a cabo un viaje misionero a Costa Rica. El grupo se dirigió a un pequeño poblado rural llamado Las Juntas, en el cantón (región) de Abangares, para construir un templo, prestar servicios médicos y celebrar reuniones de evangelización, Miembros de iglesia de Tennessee, California y Washington, en los Estados Unidos, juntamente con maestros y estudiantes de una academia de la iglesia, en Greeneville, Tennessee y aun la propia asistente de evangelización de IIW, María Rayburn y su hija Gabriella, de 12 años, se unieron a esta gira misionera.

Después de meses de planificación, los voluntarios estaban más que emocionados al iniciar el viaje. Después de un vuelo de cuatro horas, los miembros del equipo aterrizaron exitosamente en Liberia, Costa Rica y rápidamente se quitaron sus suéteres. De Liberia, el equipo viajó a Las Juntas de Abangares, en donde algunos saraguatos o monos aulladores los saludaron desde los árboles en las afueras del hotel.

Amaneció rápidamente, por cortesía de murciélagos frugívoros, o zorros voladores, por fuera de las ventanas del hotel. Poco después del desayuno, los equipos comenzaron a trabajar en el sitio de la construcción. Algunos acarrearon tierra, mientras otros la distribuyeron y nivelaron. Se nivelaron los cimientos y se comenzaron a levantar las paredes. La labor requirió de una plancha compactadora para terminar los pisos, pero no hubo ninguna disponible para rentar en todo el país. Así que el equipo se dispuso a orar. El pastor local se dirigió a otro poblado para ver si podía encontrar una compactadora, cuando de pronto vio una en el patio de una propiedad. Hizo un alto para preguntarle al dueño si acaso la rentaría, ¡y aceptó hacerlo!

Los rayos del sol se sentían extremadamente calientes, con temperaturas generalmente de más de 32 grados centígrados; y el equipo se sentía agradecido por el diario almuerzo servido en el hogar del anciano de iglesia. Junto a su casa se encuentra una pequeña choza con un techo de lámina que sirve como templo para esa iglesia local. La comunidad de la iglesia local estaba profundamente agradecida por el trabajo realizado por los misioneros voluntarios para construir un edificio de iglesia en ese lugar.

Cada noche, el grupo se dividía en grupos más pequeños para hacer labor de evangelización, manteniendo la distancia social. María era la encargada de traducir lo dicho en las reuniones, de inglés a español. Los estudiantes voluntarios dieron una plática sobre salud, contaron una historia a los niños y predicaron un sermón que prepararon como resultado de su estudio de El camino a Cristo. En una de las reuniones, cuatro niños pasaron al frente en respuesta a un llamado para invitar a Jesús a entrar en su corazón y en su vida.

Durante el día, otra parte del equipo ofrecía servicios médicos y de optometría. Los misioneros pudieron atender a 750 pacientes, otorgaron centenares de pares de anteojos y ayudaron a muchas personas que sufrían de dolores en las articulaciones y otros desafíos de salud. A los pacientes se les obsequió el libro El camino a Cristo y se les invitaba a asistir a las reuniones celebradas en la noche.

Cierta noche en particular, muy poco después de terminada la reunión nocturna, una persona, miembro de iglesia, se acercó al médico Gordon Guild y le dijo que no se sentía bien. El médico la examinó y creyó que tal vez había sufrido un leve ataque cerebral. El médico y el resto del equipo oraron por ella esa noche. Al día siguiente, la persona se sentía mucho mejor y estaba de regreso trabajando en la cocina.

Hacia el final del viaje, se pronosticó lluvia justamente antes de echarse el piso de la construcción. Los estudiantes se esforzaron mucho para completar el trabajo de preparación antes de que cayera la lluvia y entonces se pusieron a orar. Al siguiente día, Dios detuvo la lluvia. De hecho, llovió en todo su alrededor, pero no en el sitio de la construcción, hasta que se echó el piso y se terminaron las paredes. Y entonces se soltó el aguacero. Mientras descendía la lluvia, el equipo reflexionó en el poder del Espíritu Santo que también había sido derramado durante su tiempo de permanencia en Costa Rica. Las personas que asistieron a las reuniones de la noche tienen ahora un lugar en donde adorar, fueron mitigados sus dolores, se les habilitó la vista y hubo corazones que hicieron decisiones para vida eterna.

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