Viernes 21 de Abril de 2023 | Matutina para Menores | Cualidades de gente santa

Tiempo de lectura: 2 minutos

Cualidades de gente santa

“No seas vengativo ni rencoroso con tu propia gente. Ama a tu prójimo, que es como tú mismo. Yo soy el Señor” (Levítico 19:18).

Jesús nos enseñó que el amor es la base de la obediencia de su santa Ley. Mencionó que el amor tiene una dirección vertical cuando le damos a Dios el primer lugar; ese es el primer mandamiento. Además, tiene una dirección horizontal cuando amamos al prójimo como a nosotros mismos; ese es el segundo mandamiento (Mat. 22:37-39). Levítico 19 da consejos prácticos y cotidianos de cómo podemos amar al prójimo.

A los pobres. El pueblo tenía reglas específicas sobre la cosecha (vers. 9, 10). No debían rebuscar hasta el último rincón en sus campos porque esos granos eran para la gente pobre. Ellos podían recoger ese alimento para sobrevivir.

A los ancianos. Generalmente la gente anciana tiene menos oportunidades laborales, algunos están solos, enfermos o son pobres. Dios espera que los respetemos y ayudemos, según nuestra posibilidad (vers. 32).

A personas con capacidades diferentes. Cuando Jesús desarrolló su ministerio siempre se acercó a los enfermos; los trató con compasión y los sanó. Nosotros podemos hacerlos sentir bien cuando asisten al templo. A Dios le parece terrible que alguien se burle o saque ventaja de una persona con desventajas físicas.

A los extranjeros. A Dios le interesa que tratemos bien a los extranjeros que viven entre nosotros. Muchas personas tienen que mudarse de país: algunos por trabajo, otros por problemas políticos o de guerra. Cuando llegan a un nuevo lugar extrañan sus familias y hogares, están en una cultura diferente, a veces no conocen el idioma y, por todo esto, están vulnerables. Nadie debe aprovecharse de ellos, sino ayudarlos.

El ideal divino es muy distinto a cómo muchas personas hoy tratan a esas personas. Por eso, tú que conoces a Dios puedes empezar a marcar la diferencia y ser una bendición para ellos. Así cumplirás el propósito divino para tu vida, que es la santidad: “Sean ustedes santos, pues yo, el Señor su Dios, soy santo” (vers. 2).

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