Viernes 07 de Octubre de 2022 | Matutina para Menores | A cuatro manos

Tiempo de lectura: 2 minutos

A cuatro manos

“Cuando vieron la seguridad con que se expresaban Pedro y Juan, que eran hombres sin cultura y sin instrucción, no salían de su asombro. […] No podían menos de reconocer que Pedro y Juan habían sido compañeros de Jesús” (Hechos 4:13, BLP).

Si alguna vez has estudiado piano, ¡sabes cuán divertido es! Pero también seguramente sabes que no siempre tocar es tan fácil como parece. Puede haber una melodía en tu cabeza, con maravillosos acordes armoniosos, pero tal vez simplemente todavía no estás listo para tocarla.

Cuando enseño piano a alumnos que están comenzando, tocamos a cuatro manos. “¿Cómo a cuatro manos?”, puedes pensar. Cuatro manos son las dos manos del alumno más las dos manos del maestro. O sea, tocamos juntos. Al tocar así, cuando el pianista iniciante toca incluso una sencilla melodía, puede sonar impresionante si el maestro agrega acordes y un hermoso acompañamiento. Esta forma de tocar funciona muy bien, especialmente para los conciertos de alumnos. Cuando los padres escuchan lo bien que está sonando una sencilla piecita, se sienten muy orgullosos. Y, por supuesto, aunque parte del mérito lo tiene el alumno por tocar sus notas correctamente, la mayor parte del mérito quizá la tenga otra persona, al tocar hermosos acordes y armonías interesantes. ¿Quién crees que será? Sí, el maestro.

Cuando era estudiante de música en el Conservatorio, recuerdo haber leído una hermosa frase, que decía así: “Que tu vida sea una bella obra tocada a cuatro manos: las tuyas y las de Jesús”. ¿No es una linda frase?

Si tocas tus simples melodías e invitas a Jesús a acompañarte, ¡él las convertirá en una obra maestra! Esto quiere decir que tus pequeños talentos, tus esfuerzos, lo poquito o lo mucho que puedas hacer, es más, mucho más y mejor con Jesús.

Pedro y Juan eran sencillos. Pasaban horas en su barco pesquero, probablemente sin hablar mucho para no espantar a los peces. Con manos toscas, la conversación no muy pulida, no eran candidatos que hubieras elegido para predicar en la iglesia. Pero “tocando a cuatro manos” con Jesús, su pobre don de palabra se transformó en confianza, elocuencia y seguridad.

Tal fue el cambio que tras su predicación se convirtieron 5.000 personas en un día. Si reconoces tu necesidad, cuán pequeñito eres, cuán poquito puedes hacer y dejas a Jesús “tocar” junto a ti, no habrá límites para la belleza de la obra maestra que crearán juntos. Deja a Jesús tocar a cuatro manos contigo.

Cinthya

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