Una tierra corrupta

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Una tierra corrupta

Esforcémonos por servir a Jehová

Hemos llegado al mes de octubre. Escribo estas líneas desde Silver Spring, Maryland, Estados Unidos. He acudido al Concilio Anual de la Conferencia General para, junto a todos los delegados de la iglesia mundial, analizar, proyectar y afirmar la marcha del movimiento adventista.

Es momento de considerar los presupuestos de las Divisiones mundiales, hacer apropiaciones para la misión y estudiar las normativas que permitan a la iglesia seguir operando en un mundo globalizado cada vez más exigente.

El cambio de horario me permite vivir unas horas de tranquilidad antes que empiece la jornada. Son las 4 de la mañana y ya no puedo dormir más. Aprovecho para hacer algo de deporte, ducharme y sentarme frente a la Biblia para seguir con mi lectura devocional. Poco a poco, el cuerpo se irá adaptando al nuevo horario y las exigencias del día harán que me sea un poco más complicado madrugar y estirar tanto el día, pero mientras dure el desafío temporal, disfruto de momentos a solas con el Señor.

El libro de Oseas

Hoy he acabado de leer el libro de Oseas. En el canon bíblico, este pequeño libro es el primero de los trece libros que conocemos como profetas menores. Tras las profecías de Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, estos otros libros son menos extensos, pero no menos significativos. Quizás menos conocidos en general, pero ricos en detalles inspirados.

Pues bien, estando a las puertas de un nuevo concilio anual de la iglesia a nivel mundial, me pregunto qué puedo escribir para la iglesia en España partiendo de mi lectura del libro de Oseas.

El tono del libro es peculiar. Dios ve a su pueblo volverse a los dioses ajenos, desecharlo a Él como único Dios verdadero y olvidarse de su ley que tuvieron como cosa extraña. A Oseas se le pide que se case con una mujer adúltera para ilustrar de forma visible el cómo se siente Dios en relación con un pueblo que se empeña en darle la espalda a pesar de que todo lo que tenía lo había recibido de parte de Dios.

Leamos las sombrías palabras del profeta: «La tierra se prostituye apartándose de Jehová» (Oseas 1:2). Aunque la tierra de la que habla Oseas tiene que ver con Israel, nosotros podemos hacer una lectura más abarcante y leer: «el mundo se prostituye apartándose del Señor». No forzamos el texto, simplemente lo actualizamos. El mundo se aleja de los principios divinos, de los valores bíblicos y de los caminos de Dios.

La sociedad a la que estamos llamados a alcanzar

Más adelante leemos lo siguiente: «Jehová contiende con los moradores de la tierra, pues no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. El perjurio y la mentira, el asesinato, el robo y el adulterio prevalecen, y se comete homicidio tras homicidio» (Oseas 4:1-2). Y no puedo dejar de pensar que, efectivamente, estas palabras describen a la sociedad a la cual la iglesia ha sido llamada a alcanzar.

Un mundo enfermo que se empeña en darle la espalda a Jehová. Un mundo donde se «multiplican la mentira y la violencia» (Oseas 12:1). Un pequeño planeta, objeto de la máxima consideración divina, pero que «se ha ensoberbecido su corazón y se ha olvidado de Él» (Oseas 13:6). Una sociedad confusa que ha perdido el Norte y que, como afirma el profeta, se empeña en «andar en pos de vanidades» (Oseas 5:11).

El Señor establece un principio: «Porque sembraron vientos, segarán tempestades» (Oseas 8:7). Es una ley inexorable para todos: lo que hacemos tiene consecuencias. «Habéis arado, impiedad, y segasteis iniquidad; comeréis fruto de mentira» (Oseas 10:13). Frente a esta triste realidad, el Señor implora que sembremos en justicia y así poder recibir misericordia (Oseas 10:12) porque hoy, nos dice el profeta, es tiempo de buscar a Jehová.

El texto de Oseas es para nosotros

Tengo clarísimo que el texto de Oseas se dirige específicamente al pueblo de Dios: Efraín se mezcló con los demás pueblos (Oseas 7:8) y fue destruido porque le faltó conocimiento (Oseas 4:6). También tengo muy claro que lo que hemos dicho sobre el mundo en general, Oseas se lo dice a Israel en particular. Que cuanto más conocemos, más responsables somos y que el corazón dividido del que habla el profeta no define a los de «afuera», sino, lamentablemente, define a los de adentro. El mundo no conoce a Dios, pero Efraín, su pueblo, lo ha irritado amargamente (Oseas 12:14).

Si la iglesia ha de seguir siendo relevante en este mundo caído, ha de tomarse en serio el llamado a volver a Dios. El Espíritu nos dice: «Te perdiste, Israel, más en mí está tu ayuda» (Oseas 13:9). «Vuelve, Israel, a Jehová, tu Dios… quita toda iniquidad, y acepta lo bueno» (Oseas 14:1-2).

Solo una iglesia enriquecida por la experiencia del arrepentimiento y el perdón puede ser portavoz del mensaje de misericordia y amor que Dios quiere extender a un mundo que ha perdido el Norte. La iglesia no es iglesia por su estructura ni lo es por sus concilios. La iglesia es iglesia cuando responde al llamado y se ofrece para extenderlo al mundo que lo rodea.

Es tiempo de buscar a Dios

Ha llegado octubre. La iglesia mundial se reúne y la iglesia en España ora. Es tiempo de buscar a Dios. Es tiempo de arrepentirnos y de sembrar justicia, para recibir la misericordia que todos necesitamos desesperadamente. Desde Maryland, en Estados Unidos, te animo a mirar hacia arriba y sentir el abrazo del Padre, «cuyo corazón se conmueve dentro de sí y se inflama con compasión» (Oseas 11:8).

Dios bendiga al Concilio Anual de la Iglesia Adventista en Maryland. Que Dios bendiga a cada uno de los que formamos esta iglesia imperfecta, que anhela parecerse cada día más a Jesús.

Autor: Óscar López, presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España.

La entrada Una tierra corrupta se publicó primero en Revista Adventista de España.

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