UN PREFACIO A LA CRUZ

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Cuando Jesús les dijo [a los discípulos] que iba a morir y resucitar, estaba tratando de entablar una conversación  con ellos acerca de la gran prueba de su fe. Si hubiesen  estado listos para recibir lo que deseaba comunicarles, se habrían   ahorrado  amarga  angustia  y  desesperación.  Sus palabras  les habrían  impartido consuelo  en la hora  de duelo y desilusión. Pero aunque había hablado  muy claramente  de lo que le esperaba,  la mención  de que pronto iba a ir a Jerusalén  reanimó  en ellos la esperanza de que se estuviese por establecer el reino y los indujo a preguntarse quiénes desempeñarían los cargos más elevados …

El Salvador  reunió  a sus discípulos en  derredor  de  sí y les dijo:  «Si alguno  quiere  ser el primero,  será el postrero de todos,  y el  servidor  de todos». Tenían  estas palabras  una solemnidad y un carácter impresionante que los discípulos  distaban  mucho  de comprender.  Ellos no podían  ver lo que Cristo discernía. No percibían  la naturaleza  del reino de Cristo, y esta ignorancia era la causa aparente  de su disputa …

Muy tiernamente, aunque  con solemne  énfasis, Jesús trató de corregir el mal. Demostró cuál es el principio que rige el reino de los cielos, y en qué consiste la verdadera grandeza, según  las normas  celestiales. Los que eran impulsados  por el orgullo y el amor  a la distinción, pensaban en sí mismos y en la recompensa que  habían  de  recibir, más bien que  en cómo  podían devolver a Dios  los  dones  que habían  recibido.  No  tendrían cabida en el reino de los cielos porque estaban  identificados con las filas de Satanás (El Deseado de todas las gentes, pp. 402, 403 ).

Pablo dirigió  los pensamientos de los hermanos  corintios a los triunfos de la mañana  de la resurrección, cuando  todos  los santos  que  duermen  se levantarán,  para  vivir para  siempre  con  el Señor.  «He  aquí  -declaró el apóstol-, os digo  un  misterio:  Todos ciertamente no  dormiremos, mas todos seremos transformados, en un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta; porque  será tocada  la trompeta, y los muertos  serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados … ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria? …

Así el apóstol,  de la manera  más decidida  y expresiva, se esforzó por corregir las falsas y peligrosas ideas y prácticas que prevalecían en la iglesia de Corinto. Habló  claramente, pero con amor por sus almas. Mediante sus amonestaciones y reproches, brilló sobre ellos la luz del trono de Dios, para revelar los pecados  ocultos que estaban manchando sus vidas (Los hechos de los apóstoles,  pp. 258, 259).

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Notas de Ellen G. White para la Escuela Sabática 2022.
4to. Trimestre 2022 «¿QUÉ ES EL HOMBRE? “LA VIDA ETERNA: LA MUERTE Y LA ESPERANZA FUTURA”»
Lección 6: «ÉL MURIÓ POR NOSOTROS»
Colaboradores: Wilber Valero & Esther Jiménez

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