Saldo positivo

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La reserva es fundamental para la estabilidad financiera a largo plazo. (Foto: Shutterstock)

Las grandes organizaciones comerciales, que siguen creciendo y generando rentabilidad, son aquellas que administran bien sus transacciones y sus finanzas. Esta buena gestión pasa por un control riguroso de costos, para que la empresa tenga los mejores precios y sea competitiva en el mercado.

Si hay algo en lo que los educadores financieros están de acuerdo es en que deberíamos manejar nuestro dinero como lo hace una empresa, practicando los principales conceptos de una buena gestión: planificación, presupuesto, control de gastos y buenas inversiones.

Al analizar biografías de personas que prosperaron en sus negocios, vemos que ellas siempre fueron cuidadosas con sus finanzas, no gastaron todo lo que recibieron, invirtieron primeramente en sus carreras, supieron correr riesgos y no se endeudaron.

Cuando vamos a la Palabra de Dios, encontramos los mismos conceptos y prácticas. Él nos enseña a ser prudentes (Prov. 22:3), a anticiparnos a los desafíos de la vida (Prov. 21:5) y a no deber nada a nadie (Rom. 13:7, 8). Pero, para que esto se concrete, es necesario dedicar tiempo a pensar y organizar (Prov. 1:5).

Tarea del hogar

Esta organización comienza en casa. La familia debe trabajar unida en la planificación, el presupuesto y el control de los gastos. Aunque solamente uno de los integrantes sea responsable de realizar los pagos, corroborar los gastos en la tarjeta de crédito, hacer la declaración de los impuestos, etc., las decisiones que involucran la “caja” del hogar tienen que ser tomadas conjuntamente. Por supuesto que los hijos deben estar involucrados proporcionalmente a su desarrollo; cuanto mayores sean, más participarán.

La familia necesita, en primer lugar, separar tiempo para charlar: elaborar un presupuesto juntos, hacer un presupuesto proporcional al ingreso total, establecer los límites para cada gasto (diezmo, ofrendas, fondo de reserva, alimentación, alquiler, condominio, agua, energía eléctrica, internet, vehículo y transporte, escuela y cursos, recreación, vestimenta, plan de salud y seguros, secretaría, dinero mensual para los niños, etc.). Una vez que todos hayan participado de esta elaboración y conozcan los límites, serán igualmente responsables de hacer que el plan sea ejecutado.

Ahorrar para que no falte

El presupuesto familiar debe ser siempre menor que el ingreso total, es decir, el resultado de la sustracción entre receta y gastos debe ser positivo y estar destinado a la formación de un fondo de reserva. Este ahorro se destina a:

1. Imprevistos y emergencias (arreglos del auto o de electrodomésticos, medicamentos, viajes, etc.)

2. Demandas a corto plazo (gastos que se dan una vez al año, como ciertos impuestos, material y uniforme escolar, etc.)

3. Demandas a mediano plazo (gastos que surgen entre uno y cinco años, como la reforma de la casa, el cambio del auto, viajes internacionales, etc.)

4. Demandas a largo plazo (gastos que se dan en un tiempo superior a cinco años, como la compra o construcción de una casa, la universidad de los hijos, la jubilación, etc.)

La reserva es fundamental para la estabilidad financiera a largo plazo. Sin ella, los planes no podrán concretarse, puede surgir el endeudamiento y arruinarse las finanzas. Por lo tanto, ahorrar mensualmente una parte del ingreso es imprescindible.

A fin de cuentas, una buena gestión financiera del hogar parte de la siguiente realidad: la familia debe vivir con un estándar de vida inferior al que podría tener. Es necesario que sobre un poco del sueldo cada fin de mes. Cuando surja un imprevisto, allí estará la reserva para reponer las cosas. Y vale destacar que el estándar de vida ideal no es aquel que a la familia le gustaría tener, sino el que puede tener.

En la punta del lápiz

Volviendo al concepto de administrar la vida como lo haría una empresa, debemos recordar que toda institución que prospera tiene una contabilidad eficiente. Esta es importantísima no solamente para cumplir las funciones laborales, legales y tributarias, sino también para proveer informes que orienten las decisiones estratégicas de la empresa.

Esto implica control, que es la palabra clave para una buena gestión financiera del hogar. La familia debe saber adónde va cada centavo del sueldo. Esta consistencia será la base para la definición del presupuesto y, posteriormente, para saber si lo realizado está de acuerdo con lo presupuestado. Una vez que se hayan detectado desvíos, se harán los ajustes en los puntos correspondientes y en la medida correcta para mantener el equilibrio de las finanzas.

Para este control, se pueden usar aplicaciones o incluso una libreta, que debe estar a mano cada vez que un integrante de la familia haga un pago. Al finalizar el mes, la persona que controla las finanzas agrupará los gastos de acuerdo con los ítems del presupuesto para saber hacia dónde está yendo cada centavo.

La periodicidad de este análisis debe acompañar a la necesidad. Una familia que tiene las finanzas desorganizadas y está endeudada, debe hacerlo todos los meses, hasta llegar al equilibrio. Una vez que las finanzas estén al día, se podrá reprogramar este control detallado cada cuatro meses, seis meses, o incluso una vez al año.

Libertad y prosperidad

Muchas personas desean ser ricas, y no hay nada malo en eso. Las palabras “prosperidad” y “riqueza” también forman parte del vocabulario divino (Sal. 112:1-3). Lo que no puede suceder es que el dinero ocupe un lugar equivocado en la escala de valores. Cuando el rico es fiel a Dios en la devolución de los diezmos, generoso en sus ofrendas, sensible a las necesidades del prójimo y comprometido con la predicación del Evangelio, su prosperidad es una bendición y un bello testimonio de fidelidad a Dios.

Para otras personas, la “riqueza” puede significar la “libertad financiera”, es decir, la obtención de un buen ingreso, que sea suficiente como para proporcionar un estándar de vida satisfactorio, sin que el individuo dependa de la ayuda de terceros. Esa libertad puede provenir de la jubilación por la seguridad social o de un ingreso pasivo, como una pensión complementaria, un ingreso patrimonial (alquileres) o incluso los dividendos e intereses de inversiones en el mercado financiero. Cualquier persona puede alcanzar la libertad financiera, independientemente de su sueldo, y ese debería ser el blanco de cada trabajador y cada familia.

Anota

Tener una perspectiva positiva con relación a las finanzas es el primer paso en la búsqueda de la libertad financiera. Aquí presentamos algunos consejos para que desarrolles esa mentalidad edificante:

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