Sábado 21 de Enero de 2023 | Matutina para Jóvenes | ¿Imperativo?

Tiempo de lectura: 2 minutos

¿Imperativo?

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a  mismo por ella. Efesios 5:25.

  En cierta ocasión, Jorge Luis Borges, el cultísimo escritor argentino, apuntó: “El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo”. ¡Qué gran verdad! No se puede obligar a leer, a amar o a soñar. Tengo un sobrino que, en este momento de su vida (nueve años), dice que está muy preocupado porque a toda su familia le gusta leer y a él no. ¿Y qué podemos hacer? Esperar a que comprenda lo fascinante que es el mundo de los libros. Tengo otros sobrinos que son almas libres. Les encanta viajar y planificar nuevas rutas y experiencias. No siempre pueden realizar los que los ilusiona, pero tienen sueños revolucionarios que nadie podría imponer..

  Lo mismo acontece con el amor, no se puede forzar. Especialmente en el matrimonio. Quizá la cultura, las tradiciones o ciertas interpretaciones incorrectas de la Biblia lleven a alguien a pensar que, en la pareja, hay uno superior al otro y que esa condición le permite exigir. Puede darse esa situación en el mundo cristiano pero no es la propuesta de Dios. No hay imposición de autoridad en el amor verdadero, sino diálogo y asertividad. No hay malos modos en el amor verdadero, sino expresiones de cariño y ayuda. No hay opresión en el amor verdadero, sino esfuerzos para que la pareja crezca como persona.

  En la época de Pablo, el mundo griego tenía una relación dispar entre hombres y mujeres. Hoy también sucede pero, en aquella época, la verdadera relación afectiva era entre amigos. La relación con las esposas era, en cierta medida, contractual y orientada en el desarrollo de la familia. Por esa razón Pablo sugiere a los maridos (en nuestra cultura incluiría también a las esposas) que amen como Jesús nos ama. ¿Cómo nos ama Jesús? Primero, con un amor que salva (Efe. 5:23). Cristo es el Salvador de la iglesia y busca lo mejor para ella. Después, con una relación de dependencia sana (5:24). Pide a las parejas que sepan vivir en paridad, que no se desmarquen de la vida en matrimonio y vayan a la suya. También, que reine un amor que dignifique a la otra persona (5:25) y sea exclusivo, de entrega total. Un amor puro que la embellezca (5:26, 27) y que no abandone su autoestima (5:28). Y, por fin, un amor que se esfuerce por ser permanente y que abunde en detalles y cuidados.

  El amor no se impone, se anhela. No se exige, se disfruta. Se conjuga en todos los modos y los tiempos, menos en imperativo.

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