Sábado 14 de Enero de 2023 | Matutina para Menores | La misericordia de Dios

Tiempo de lectura: 2 minutos

La misericordia de Dios

“Contigo estableceré mi pacto, y en la barca entrarán tus hijos, tu esposa, tus nueras y tú” (Génesis 6:18).

Dios es justo. Quizá te hayas preguntado por qué Dios mandó un diluvio para destruir a la humanidad. Lo cierto es que, antes del Diluvio, Dios mostró su misericordia: le dio a la humanidad ciento veinte años de oportunidades para que escuchara cuál era el único medio de salvación y se arrepintiera. Demostró su amor, pues aunque solo había una familia justa, esta no pasó desapercibida; Dios hizo un pacto con ella y trabajó por medio de ella en su último esfuerzo para salvar a todos los que aceptaran el mensaje. Dios no fue arbitrario. El Diluvio no tomó por sorpresa a nadie.

Además, el llamado de Dios se escuchó de tres maneras claras. Primero, por la voz de Noé, quien dio el mensaje al mundo día tras día. En segundo lugar, a través del constante ruido de las herramientas que usaban muchas personas para construir el gran barco. El ruido, por sí mismo, atraía la atención de todos. Era un llamado constante. Finalmente, por el espectacular desfile de todo tipo de animales que se acercaron al arca obedeciendo la voz de Dios. Las personas miraron con asombro ese espectáculo, pero no aceptaron el mensaje. Más adelante, en el tiempo del profeta Isaías, el pueblo de Dios se caracterizó por su desobediencia. Entonces, el profeta destacó cómo los animales respondían a la voz de su dueño, pero las personas no obedecían la voz de su Creador: “El buey reconoce a su dueño y el asno el establo de su amo; pero Israel, mi propio pueblo, no reconoce ni tiene entendimiento” (Isa. 1:3).

Dios mostró su amor: el arca representaba su misma presencia para protegerlos. Actualmente, Jesucristo es para nosotros la verdadera arca que nos ofrece refugio, salvación y seguridad, sin importar los problemas que tengamos.

Al salir del arca, Dios hizo un pacto con la humanidad y lo selló con el arcoíris. Prometió que nunca más el mundo sería destruido así, con un diluvio. Noé y su familia, agradecidos, ofrecieron sacrificios. Cada día es una oportunidad para aceptar el pacto que Dios nos ofrece.

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