Sábado 08 de Abril de 2023 | Matutina para Jóvenes | Menos lobos, Caperucita

Tiempo de lectura: 2 minutos

Menos lobos, Caperucita

Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados. Génesis 2:4.

Tal día como hoy, en 1628, nace en París Charles Perrault, abogado que terminaría convirtiéndose en un famoso cuentista (no, no es un chiste). Gracias a él muchos niños han escuchado, leído o visto “El gato con botas”, “La Bella Durmiente”, “La Cenicienta” y, cómo no, “Caperucita Roja”. Durante casi cuatro siglos se transmitieron sus relatos como las ficciones que son. Pero la posmodernidad parece cambiarlo todo: lo histórico es legendario y lo legendario, histórico. Los universos inventados y fantaseados de las novelas gráficas parecen tomar realidad. Hay tantos superhéroes como expectativas de niños.

La Biblia, para muchos, se halla instalada en el terreno de la ficción. Los orígenes son míticos, opinan, y los que creen en ellos son personas ilusas. El relato bíblico, muy al contrario, no se expresa en este sentido. No hay indicadores literarios que muestren que es ficción (story), sino todo lo contrario; el relato manifiesta que es historia (history). Un ejemplo lo tenemos en Génesis 2:4a cuando registra la palabra “orígenes” (toledot). Toledot, que podríamos traducir literalmente como “generaciones”, implica tanto a ascendientes como a descendientes. Es tan relevante que podemos dividir el libro del Génesis por las veces en las que aparece el término (2:4; 5:1; 6:9; 11:10; 25:12; 36:1; 37:2). Es tan significativo que tiene el sentido de historia, pero no la macrohistoria ajena a lo cotidiano, sino la microhistoria que se construye cada día. Una historia de andar por casa, familiar y compartida. Una historia asociada al pacto con Dios y, por lo tanto, a la participación de Dios en las vidas de las personas. Una historia de verdad.

Dios no es una ficción. Jesús no es una ficción. Nosotros no somos una ficción. Todos vivimos en un universo real y en conflicto. Juntos hacemos historia de familia y la testimoniamos porque hemos cambiado el “Érase una vez” por el “Así sea”. No estamos para cuentos, porque la vida ya es lo suficientemente intensa como para entretenernos con hadas madrinas, príncipes azules o cenicientas. Para milagros, nuestro Dios. Para rescates, Jesús. Para héroes, nosotros.

Tal día como hoy, en 1976, falleció en Wallingford Agatha Christie, enfermera que terminaría escribiendo novelas policíacas y románticas. A ella se debe la frase: “No reconocemos los momentos realmente importantes de la vida hasta que es demasiado tarde”. Es una pena, porque hemos de afirmar que se equivocó.

Si cada día leemos la historia con Dios, alejándonos de expectativas ilusas y confiando en que participa de nuestra vida, reconoceremos al instante lo verdaderamente relevante. Vivamos la historia con él. Lo demás son cuentos.

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