Sábado 04 de Marzo de 2023 | Matutina para Menores | Sifra y Fúa

Tiempo de lectura: 2 minutos

Sifra y Fúa

“Las parteras tuvieron temor de Dios y no hicieron lo que el rey de Egipto les había ordenado, sino que dejaron vivir a los niños” (Éxodo 1:17).

Cuando la familia de José se estableció en Egipto eran 70 personas. Pasó el tiempo y se multiplicaron tanto que el nuevo Faraón temió que se rebelaran contra los egipcios o que, en medio de una posible guerra, se pusieran de lado de los enemigos. Por lo tanto, su primera estrategia fue someter al pueblo con arduos trabajos, esclavizarlos. Luego, llegó al extremo de ordenar la muerte de todos los varones hebreos recién nacidos. ¡Una decisión contraria a la Ley de Dios!

Las circunstancias empezaron a ser adversas para el numeroso pueblo de Dios. Estas medidas arbitrarias se convirtieron en el inicio de lo que sería la espectacular salida de Egipto. Mientras tanto, Dios cuidaría los intereses de su pueblo. Dios nunca abandona a sus hijos fieles alrededor del mundo. De las formas menos pensadas y mediante las personas menos probables, Dios trabaja para que se cumplan sus propósitos. En esta ocasión, dos valientes mujeres decidieron oponerse a la orden del faraón.

Es cierto que Dios ha establecido a las autoridades para mantener el orden social, y nosotros debemos obedecerlas. Pero este relato presenta una realidad: si lo que piden o exigen va en contra de la Ley de Dios, podemos, y debemos, desobedecerlas. La Ley divina está por encima de cualquier ley humana que nos obligue a desobedecerla. Así lo expresó el apóstol Pedro: “Es nuestro deber obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech. 5:29).

En este caso, Sifra y Fúa obedecieron a Dios al negarse a matar a los recién nacidos y en su lugar preservarles la vida. Aunque el pueblo recibiría los Diez Mandamientos casi cien años después, eso no significa que esos principios no existieran. Dios ha grabado en la conciencia de la humanidad el respeto a la vida. La vida debe respetarse a cualquier edad y aun antes de que nazca un bebé.

A Dios le gustó la actitud de las dos mujeres. El Señor siguió bendiciendo al pueblo y a ellas: “El pueblo israelita seguía creciendo en número, y cada vez se hacía más poderoso. Además, como las parteras tuvieron temor de Dios, él las favoreció y les concedió una familia numerosa” (Éxo. 1:20, 21).

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