Miércoles 15 de Febrero de 2023 | Matutina para Adultos | “Seremos semejantes a él”

Adultos febrero 12, 2023
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“Seremos semejantes a él”

“Seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es” (1 Juan 3:2).

Volvamos una vez más al texto que vimos ayer, Romanos 12:2. El verbo griego traducido como “transformaos” es metamorfoo. Todos crecimos oyendo una palabra que se parece mucho a la que usó Pablo: metamorfosis. La metamorfosis conlleva una transición de un estado a otro; es un cambio en la naturaleza y esencia del objeto transformado. La metamorfosis no conlleva un arreglo de la vida, sino una completa transformación de la esencia de lo que uno es.

Por supuesto, este cambio no se origina en mi vestimenta, en lo que como, en lo que hago. No es una obra que comienza fuera de mí, sino dentro. Pablo se refirió a una transformación y renovación de nuestro “entendimiento”. Me gusta que la versión Dios habla hoy se refiere a un cambio en la “manera de pensar”. ¿Y por qué la transformación debe comenzar por ahí? Pues porque nuestras mentes “están corrompidas” (Tito 1:15). Y ese deplorable estado interno solo puede ser transformado (cambiado radicalmente en su misma esencia) por un poder que opere en el corazón. Por eso decíamos ayer que la transformación de nuestro sórdido carácter es una obra que realiza el mismo Dios. Y el agente que el Señor utiliza para operar esa metamorfosis sobrenatural de nuestro interior es el Espíritu Santo.

Así lo expresó Pablo en 2 Corintios 3:18: “Nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor”. ¿Qué es lo que produce el cambio? ¡La acción del Espíritu del Señor! Y el Espíritu ofrece esa obra de transformación a “nosotros todos”; nadie queda excluido si desea participar de ella.

Más adelante, Pablo define ese proceso de cambio con estas palabras: “Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Cor. 4:16). Es una transformación continua y progresiva, una experiencia espiritual que va en aumento diariamente. Por eso siempre sentimos que aún no hemos llegado a la cima de la transformación, y por eso hemos de aferrarnos a esta promesa:

“Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es” (1 Juan 3:2).

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