Miércoles 13 de Julio de 2022 | Matutina para Adultos | La cadena

Adultos julio 10, 2022
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La cadena

“Levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud” (Mateo 14:19).

Si leíste nuestra reflexión de ayer, recordarás la lección que aprendimos del milagro de la multiplicación de los panes y los peces: que en las manos de Dios, lo poco que tenemos siempre es mucho. ¡En las manos de Jesús el almuerzo de un muchacho fue suficiente para alimentar a toda una multitud! Hay una segunda lección que se deriva del milagro que la multitud presenció ese día en Betsaida. Nota la secuencia: “Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud” (Mat. 14:19).

¿De manos de quién recibió la multitud el pan: de Jesús o de los discípulos? ¡De los discípulos! La cadena comenzó en Jesús, pero el pan llegó a la gente por medio de los discípulos. Así:

“Levantando los ojos al cielo” (Todo comenzó con la bendición del Padre.)

“Partió y dio los panes a los discípulos”.

“Y los discípulos a la multitud”.

El Padre bendice el pan > Jesús da el pan a los discípulos > Los discípulos entregan el pan a la multitud.

¿Por qué el Señor no entregó el pan directamente a la multitud? Porque en el plan divino para redimir a la humanidad, los discípulos han de ser “el medio de comunicación entre Cristo y la gente” (El Deseado de todas las gentes, p. 337).

¿No es esto grandioso? Entre un Dios compasivo y un mundo hambriento del Pan de vida ¡estamos tú y yo! Por nuestros propios medios no podemos suplir las necesidades de un mundo que perece, pero hay algo que sí podemos hacer: “Podemos impartir únicamente lo que recibimos de Cristo; y podemos recibir únicamente a medida que impartimos a otros” (ibíd.)

¿Quieres ser un verdadero discípulo del Señor? Entonces consagra a él lo poco o mucho que tienes (en talentos, recursos e influencia); y cuando él te lo devuelva multiplicado, asegúrate de compartir con otros las bendiciones que recibas. ¡Lo mejor de todo es que nunca es tarde para integrarnos a la cadena! Mira cómo: “Si vamos a la Fuente de toda fuerza con las manos de nuestra fe extendidas para recibir, seremos sostenidos en nuestra obra, aun en las circunstancias más desfavorables, y seremos capacitados para dar a otros el pan de vida” (ibíd., p. 339).

Padre celestial, hoy quiero ser parte de la cadena de bendiciones que comienza en ti. Quiero recibir de Cristo, para dar al mundo, y así glorificar tu santo nombre.

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