Miércoles 09 de Noviembre de 2022 | Matutina para Adultos | Más y más y más

Adultos noviembre 6, 2022
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Más y más y más

“Esto pido en oración: que vuestro amor abunde aún más y más en conocimiento y en toda comprensión, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprochables para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo” (Filipenses 1:9-11).

“Todos los reavivamientos de la historia han comenzado con estudio de la Biblia y oración. Lo que está sucediendo en mi pasillo en el PUC [Pacific Union College] es un reavivamiento”. Estas palabras las escribió Julie Hill, mientras era estudiante de enfermería y servía como monitora del Hogar de Señoritas del PUC, en Angwin, California. ¿Qué estaba sucediendo en el Hogar para que Julie llegara a esa conclusión?

Al relato lo cuenta Joe Engelkemier (Aprenda a orar con poder, p. 38). Dice él que, en agosto de 1997, conoció a Julie mientras ella participaba en la Campaña de Evangelización RED 98. Un día, cuando ella estaba almorzando, Julie comentó que estaba nerviosa por ser miembro de una comisión importante. Entonces esa noche Joe pasó por el dormitorio y le entregó a Julie varios escritos sobre el poder de la oración, entre ellos un volante sobre Filipenses 1:9 al 11. Además, oró por ella. Le pidió a Dios que cuando Julie regresara al PUC su trabajo como monitora fuera una bendición. Poco después, Joe recibió por correo un mensaje de Julie que decía: “Ya me aprendí de memoria Filipenses 1:9 al 11, y lo he estado usando varias veces al día. Agradezco su sugerencia”.

Cuando comenzó el año escolar en el PUC, lo primero que Julie hizo fue visitar el cuarto de cada estudiante con la sugerencia de apartar tiempo cada día para la oración y el estudio de la Palabra. Al poco tiempo, tres alumnas que no eran adventistas pidieron estudios bíblicos. Otras comenzaron a orar pidiendo un reavivamiento en la institución. Cuando otros monitores supieron lo que Julie estaba haciendo, también comenzaron a orar y a estudiar la Biblia con las señoritas de su pasillo.

¿Cuál fue el resultado? Un reavivamiento.

Joe Engelkemier termina el relato con dos importantes preguntas. La primera:

“¿Qué ocurriría si millares de personas nos uniéramos para usar Filipenses 1:9 al 11 como un ruego ferviente en favor de nuestros jóvenes en el mundo entero?” La segunda pregunta: ¿Qué ocurriría si cada mañana le pidiéramos a Dios que nuestro amor por él y por nuestro prójimo “abunde aún más y más” (Fil. 1:9)?

Amado Padre celestial, hoy te pido que bendigas especialmente a nuestros jóvenes. También te pido que la pasión de mi alma sea recibir más de tu gracia, más discernimiento, más fe.

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