Matutina para Mujeres | Viernes 19 de Abril de 2024 | Para que nadie se gloríe

Tiempo de lectura: 2 minutos

Para que nadie se gloríe

“La salvación no es una recompensa para los justos, es un regalo para los culpables”. Steven Lawson

Cuenta Tompaul Wheeler52 que, en su último año de secundaria, tuvo que cursar una materia muy difícil: Anatomía. Cuando el profesor anunció la fecha del examen final sobre el esqueleto humano, Tompaul comenzó a reunirse con sus compañeros en la biblioteca para estudiar lo máximo posible. Memorizó día tras día los complicados nombres de todos los huesos del cuerpo humano, desde el cráneo hasta las falanges. El día antes del examen, se sentía totalmente confiado en que se lo sabía todo; no tenía duda de que sacaría la máxima nota.

Al entrar en la clase la mañana del examen, confiado en sus conocimientos, tuvo que detenerse bruscamenteal ver que no había pupitres. Solo había huesos por todas partes. Aquella escena, que parecía la escena de un crimen, era el examen. Cada alumno tenía que identificar, recoger y ordenar los huesos de tal manera que recompusieran de cero un esqueleto humano.

Todos salieron decepcionados, pero la alegría llegó cuando el profesor les dio las notas. Considerando lo mal que lo habían hecho todos, el profesor decidió darle un diez al mejor (es decir, al menos malo de entre los malos). De ahí para abajo continuó con la puntuación. Fue por pura gracia que Tompaul pudo pasar una materia en la cual estaba seguro que, por sus propios méritos, sacaría la máxima nota. A veces estamos intelectualmente convencidos de cosas que son totalmente erróneas.

R. C. Sproul escribió: “Tener un entendimiento sano de la salvación no es garantía de que tenemos la salvación que sanamente entendemos”. Porque no hay ninguna garantía en nuestra inteligencia (limitada por siglos de pecado); ni en una mera comprensión intelectual del evangelio (a la cual le puede faltar la eficacia del amor y la transformación del carácter). La única garantía es la fe en que Cristo nos salva. No es por méritos nuestros; es por gracia de él. Ni siquiera en la fe hay méritos, pues “la fe no es la causa de nuestra salvación, sino únicamente el medio” (Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1006).

“¡Gracias a Dios, porque nos ha hecho un regalo tan grande que no tenemos palabras para expresarlo!” (2 Cor. 9:15).

“Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe” (Efe. 2:8, 9, RVR95).

52 Tompaul Wheeler, No se trata de mí, se trata de ti (Doral, Florida: IADPA, 2020), p. 54.

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