Matutina para Mujeres | Lunes 22 de Mayo de 2023 | Pasando la antorcha – 2a parte

Tiempo de lectura: 2 minutos

Pasando la antorcha – 2a parte

Entonces dijo David a Salomón: “¡Ten valor y firmeza, y pon manos a la obra! ¡No te desanimes ni tengas miedo, porque el Señor mí Dios estará contigo! Él no te dejará ni te abandonará hasta que se acabe toda la obra para el servicio del templo”. 1 Crónicas 28:20, DHH.

Llegó el momento de pasar el reino a su hijo. David se reunió en privado con Salomón para entregarle el trono. Luego llamó a una reunión administrativa con los principales, los jefes de divisiones, jefes de millares y de centenas, los hijos del rey y los administradores de su hacienda y sus posesiones. Los oficiales, los más poderosos y los valientes (1 Crón. 28:1) debían atestiguar el traspaso. Con humildad el viejo rey explicó cuál había sido su deseo, pero no el deseo de Dios. ¿Tienes algún plan que no es el plan de Dios? Es hora de hacer lo que hizo David: aceptar el plan de Dio para ti por encima del tuyo propio.

“Los planos para la edificación del templo fueron hechos por inspiración divina” (CS, p. 26). Fueron detallados por la mano de Dios (vers. 19). El texto no especifica si fueron escritos por su mano o si inspiró a David con los detalles.

Así como Dios tenía planes para su templo, tiene planes específicos para ti y para tu futuro. Renuncia a hacer las cosas a tu propio juicio y decide seguir los planes de Dios. El éxito y la victoria estarán asegurados.

Las palabras dadas a Salomón son parecidas a la promesa dada a Josué antes de dirigir al pueblo de Dios (Jos. 1:5). La parte humana es animarse, esforzarse, no tener miedo y perseverar. La promesa de Dios es su compañía: “No te dejaré, ni te desampararé”. Cumple tu parte, Dios cumplirá la suya (Heb. 13:5).

No importa que tu carga sea grande, tu dolor incomparable o tus circunstancias desfavorables. Haz tu parte. ¿Tienes una nueva responsabilidad laboral? ¿Ha habido cambios bruscos, inesperados e indeseables en tu vida? ¿Has sido diagnosticada con una enfermedad incurable? ¿Tus hijos o nietos abandonaron la fe? ¿Tienes conflictos conyugales, laborales o eclesiásticos? ¿Has sufrido la pérdida de seres amados y la soledad te abate? ¿Has experimentado el desempleo o la pérdida del año escolar? Anímate. Esfuérzate. No tengas miedo. Persevera. Dios estará contigo, no te dejará ni te abandonará.

El miedo inmoviliza. El tamaño de una responsabilidad, sus riesgos y la presión del momento podrían paralizarte. El mejor remedio para el miedo es no enfocarte en él. Levántate y da el primer paso. No desmayes, Dios va delante.

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