Matutina para Mujeres | Domingo 26 de Noviembre de 2023 | El cristiano, el gobierno y el miedo – 2a parte

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El cristiano, el gobierno y el miedo – 2a parte

Las autoridades están al servicio de Dios para tu bien; pero si estás haciendo algo malo, por supuesto que deberías tener miedo, porque ellas tienen poder para castigarte. Están al servicio de Dios para cumplir el propósito específico de castigar a los que hacen lo malo. Romanos 13:4, NTV.

La palabra griega para describir a los gobernantes es diákonos, de donde deriva el término “diácono”, que significa servidor (1 Tim. 3:8, 12). El propósito del gobierno es servir a la comunidad que lo eligió, ser un representante de Dios para ella. Pablo describe a los gobernantes como agentes que promueven el bien cívico y colectivo y mantienen el orden; a ellos es fácil obedecer.

¿Qué ocurre cuando el gobierno se vuelve tirano, cuando los que deberían defenderte te atacan y violan tus derechos, cuando usan el miedo y la represalia para mantenerte sometida? Tales actitudes no inspiran obediencia. Sin embargo, como cristiana estás llamada a obedecer las leyes de tu país aunque parezcan injustas. Dios no ha renunciado a su derecho de controlar los gobiernos del mundo. Clama por misericordia para los países que están bajo dictaduras. No te enredes en la política, pero tampoco te cruces de brazos cuando ves que la soberanía de tu país desaparece. Ora, ayuna, educa y sensibiliza a tus amigos y familiares.

Pablo vivió bajo el más perverso de los soberanos, Nerón; sin embargo, apeló a la protección de la ley, aunque sabía que no siempre se cumplía y a menudo no era justa. Conocía sus derechos y reclamaba su cumplimiento. Se mantuvo como un ciudadano íntegro, apegado a las leyes constitucionales, pero cuando estaba en desacuerdo, manifestó su punto de vista cortés y respetuosamente.

Es muy difícil decir que hay que obedecer a un gobierno corrupto. Sin embargo, Pablo dejó claro que el cristianismo no es un movimiento para cambiar gobiernos. Nuestra obligación es predicar el evangelio y orar por los individuos que ocupan las posiciones de poder, aun cuando fracasen en su objetivo de proteger a los ciudadanos y ser servidores de Dios para impartir el bien y la justicia. “Como pueblo, no debemos mezclarnos con asuntos políticos. Todos deberían obedecer a la Palabra de Dios cuando dice que no debemos unirnos en yugo con los infieles en cuestiones de política, ni establecer ninguna clase de vínculo con ellos. No hay un terreno seguro en el cual puedan trabajar juntos.

Los leales y los desleales no tienen un terreno adecuado donde encontrarse” (2MS, p. 417).

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