Matutina para Jóvenes | Miércoles 08 de Noviembre de 2023 | Bien enfocados

Tiempo de lectura: 2 minutos

Bien enfocados

Pues nunca faltarán pobres en medio de la tierra; por eso yo te mando: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra. Deuteronomio 15:11.

Déjame que te haga algunas preguntas. No es un invento mío, ya lo hacía Sócrates, pero ayuda mucho: ¿Cuánto pesa tu “yo” frente al “ellos”? La mayor parte del día, ¿hacia dónde te enfocas? ¿Dinero? ¿Posesiones? ¿Relaciones? ¿Poder? ¿Hasta dónde podrías llegar con tu querer? ¿A dar de comer a alguien? ¿A dedicar un tiempo, semanalmente, a informar sobre doctrinas? ¿A poner una parte de tu dinero en una ONG? Y, ¿cuánto tiempo quisieras que te quisieran? ¿Te sientes incómodo con alguna de estas preguntas? ¿Por qué? Perdona que insista, ¿por qué?

Al analizar los Evangelios, observamos que Jesús resuelve bien estas tensiones porque está bien enfocado. ¿Dónde ponía su mira? En la redención del otro. Quería al otro hasta el final. Respetaba la libertad individual pero no cedía a dejar de ofrecer salvación. Su cariño por los seres humanos le sustentaba para hacer lo que estaba bien y era bueno. Eso siempre es propio de alguien que es así, bueno.

Un Dios que genera tanto cariño debe, sí o sí, ser cariñoso. Un Dios que se presenta con la dulzura de un silbo debe, sí o sí, ser dulce. Un Dios que se viene a vivir con nosotros debe, sí o sí, ser muy casero. ¿Cómo es Dios en “pantuflas”? Jesús era muy amigo de sus amigos, muy familiar con su gente. Iba, de tanto en tanto, a Betania a compartir sus momentos de cercanía. Deja que Juan, el adolescente, se apoye sobre su pecho cuando la densidad arrecia. Encomienda a su madre cuando, en la cruz, otros solo hubiesen pensado en el dolor. Llama a María por su nombre en el momento del desasosiego. Abraza a los niños y les susurra amantes frases mimosas. Echa de menos a su Padre y lo busca en el albor de cada día. La nostalgia le puede cuando piensa que está solo. ¡Me fascina mirar a ese Jesús! Eso sí que es grande. Y esa grandeza lo hace mirar a los pequeños, a los pobres, a los marginados. Esos que nunca faltan en este mundo de irregularidad y que se encuentran en su foco. Esos a los que abre sus manos horadadas por la cruz. Y es que la solidaridad es la mejor prueba de nuestra calidad humana y, en nuestro caso, de nuestro talante cristiano.

¿Hacia dónde estás enfocado? Perdona, nuevamente, la insistencia. ¿Hacia dónde?

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