Matutina para Jóvenes | Martes 23 de Enero de 2024 | Conócete a ti mismo

Tiempo de lectura: 2 minutos

Conócete a ti mismo

Examínense ustedes mismos, para ver si están firmes en la fe; pónganse a prueba. 2 Corintios 13: 5

Ezequías pasó a la historia corno uno de los mejores reyes de Judá. Se puso del lado de Dios y llevó a cabo reformas exitosas. Más tarde enfermó, pero Dios restauró su salud. Ahora recibía la visita de unos huéspedes desde Babilonia. ¡Qué gran oportunidad para hablarles de su Dios! Pero Ezequías tenía otros planes. Ante la pregunta de Isaías al rey: «¿Y qué vieron [los visitantes de Babilonia] en tu palacio?» , este contestó: «Vieron todo lo que hay en él. No hubo nada en mis depósitos que yo no les mostrara» (Isaías 39: 4). Todo excepto lo más importante: Ezequías no les habló de su Dios.

«Conócete a ti mismo» decía el antiguo filósofo. Muchas veces desconocemos nuestro verdadero carácter. Vamos por la vida sin reconocer nuestras debilidades. Nos negamos a encontrarnos con nosotros mismos cara a cara y analizar críticamente nuestras motivaciones más profundas. Damos por sentado que estamos bien o, al menos, mejor que los demás.

El joven griego Alcibíades siempre parecía estar deprimido. Viajó mucho y visitó numerosos países. Todos se preguntaban por qué un hombre con su talento y que había viajado tanto nunca parecía estar feliz. Le hicieron esa pregunta al renombrado filósofo Sócrates, a lo que contestó: «La razón de la miseria de Alcibíades es que dondequiera que va lleva su yo con él» .

Si transitas por la vida con un corazón egoísta, con toda seguridad serás infeliz; pero si permites al Espíritu Santo entrar, estarás lleno de «amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio» (Gálatas 5: 22-23). A cada joven como tú, las Escrituras exhortan: «Ten cuidado de ti mismo» (1 Timoteo 4: 16); «Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida» (Proverbios 4: 23). Conocernos a nosotros mismos y velar por la formación de nuestro carácter es parte fundamental de nuestra mayordomía cristiana.

Y tú, ¿ya te conoces? Haz hoy esta oración a tu Padre celestial: «Oh, Dios, examíname, reconoce mi corazón; ponme a prueba, reconoce mis pensamientos; mira si voy por el camino del mal, y guíame por el camino eterno» (Salmo 139: 23-24).

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