Matutina para Jóvenes | Jueves 22 de Febrero de 2024 | La cicatriz del general

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La cicatriz del general

Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. Isaías 53: 5, NVI.

Años después de la Guerra Civil estadounidense (1861-1866), cuando el general John B. Gordon había lanzado su candidatura como senador por el Estado de Georgia, llegó el momento en que su nombre debía ser aprobado por la asamblea legislativa de su Estado.

Uno de los oficiales de esa asamblea era un viejo soldado que había sido su compañero de guerra. Por alguna razón, el general Gordon había despertado resentimiento en este hombre, y cuando se procedió a la votación en voz alta, aquel oficial se levantó y votó en contra de su antiguo amigo.

El general Gordon se encontraba sentado en la plataforma de los oradores, a la vista de todos. De repente, los ojos de aquel oficial que había votado en su contra vieron una cicatriz que el general tenía en la cara, señal de su valor y de los sufrimientos experimentados por la causa que ambos amaban: el bien de su patria.

Cuando el exsoldado vio esa cicatriz que conocía, exclamó con gran emoción: «¡No puedo votar en su contra! ¡Me había olvidado de la cicatriz!» .

Los seres humanos tendemos a olvidar y a veces incluso a menospreciar las acciones encomiables de los demás. Olvidamos los favores y las segundas oportunidades que hemos recibido, y la fe que alguien puso en nosotros cuando nadie más creía que podíamos hacerlo. Olvidamos quién nos atendió cuando estábamos enfermos y quién nos dio un buen consejo en el momento que más lo necesitábamos.

Olvidar el bien recibido es un defecto deplorable, pero cuando lo llevamos al ámbito espiritual resulta además un acto muy arriesgado. Por eso Moisés dijo a los israelitas: «El Señor tu Dios te hará entrar en la tierra que les juró a tus antepasados […] cuídate de no olvidarte del Señor, que te sacó de Egipto, la tierra donde viviste en esclavitud» (Deuteronomio 6: 10-12, NVI).

Y tú, ¿has olvidado las cicatrices de Jesús, como señal de la humillación y los sufrimientos que tuvo que padecer para que tuvieras acceso a la vida eterna? Hoy es un buen día para agradecer a Dios porque «gracias a sus heridas fuimos sanados».

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