Matutina para Jóvenes | Jueves 09 de Noviembre de 2023 | ¿Secundarios?

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¿Secundarios?

Y sucedió que le llevaron un paralítico tendido sobre una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados. Mateo 9:2.

Muchos recuerdan a Christiaan Barnard como un médico famoso porque realizó el primer trasplante de corazón. O a Louis Pasteur y su técnica de la pasteurización, por la que tantos bebés han podido tomar leche en buenas condiciones. O a Alexander Fleming y el descubrimiento de la penicilina. Pero, ¿qué sabes de Virginia Apgar? Pues es de esas personas que no fueron encumbradas por la fama pero que hicieron mucho bien aunque aparezcan en la historia como simples secundarios.

Virginia Apgar nació a principios del siglo XX y fue una de las primeras mujeres en terminar la carrera de cirugía en EE.UU. Pero por su condición de mujer, fue relegada al mundo de los anestesistas. Hasta ese momento no se había conseguido reducir de forma marcada la mortalidad infantil y no se sabía por qué. Virginia observó que los recién nacidos que tenían poco peso, que no tenían el color sonrosado adecuado o que no respiraban bien eran dejados aparte hasta que fallecían. No podía hacer nada porque no era su especialidad pero, como era una mujer de fuerte voluntad, no se conformó con ese hecho y comenzó a pensar en cómo mejorar la situación. Inventó algo sencillo que lo cambió todo. Propuso que se hiciera un test al bebé al minuto de nacer y otro a los cinco minutos. En el test se colocaban dos puntos si tenía el color adecuado, otros dos puntos por llorar, dos por respirar profundo, dos por mover las extremidades y dos por un latido de corazón normal para un recién nacido. Era tan fácil que se implementó con facilidad y, he ahí lo positivo, se iniciaron registros. Tras los estudios llegaron las soluciones y el descenso de la mortalidad. Pocos recuerdan a Apgar pero muchas personas le deben la vida.

En la historia de Jesús y el paralítico hay ciertos personajes que siempre me llaman la atención: los camilleros. ¿Quiénes eran? ¿Familiares? ¿Amigos? ¿Vecinos? No tenemos muchos datos de ellos, solo que llevaron a una persona ante Jesús. Como Virginia Apgar, son los que trabajan en el anonimato haciendo mucho bien. Quizá no podamos ser cirujanos famosos pero todos podemos ser camilleros.

Todos podemos hacer algo por los demás y ayudar a que sus vidas mejoren. La solidaridad no tiene nada que ver con la fama o con el reconocimiento. La solidaridad tiene que ver con hacer el bien y Dios ha puesto esa capacidad en cada persona, sea de la condición que sea.

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