Matutina para Jóvenes | Domingo 21 de Enero de 2024 | Guarda mis labios

Tiempo de lectura: 2 minutos

Guarda mis labios

Toma el control de lo que digo, oh Señor, y guarda mis labios. Salmos 141:3

El físico francés Blaise Pascal escribio en sus Pensamientos: «Nadie habla de nosotros en nuestra presencia, del mismo modo que en nuestra ausencia». La sociedad humana se basa en el engaño mutuo. Pocas amistades durarían si supieramos lo que nuestros amigos dicen de nosotros en nuestra ausencia. Si todos supieran lo que cada uno dice del otro no habría amigos en el mundo.

Tal vez consideres que Pascal era demasiado pesimista, pero sin lugar a duda la mayoría de las personas debería tener más cuidado con lo que dice. Por tanto, cuando te sientas tentado a la murmuración, a compartir una confidencia o a repetir un falso rumor, detente y ruega al Señor: «Guarda mis labios».

Cierta madre ayudó a su hija de ocho años a comprender la importancia de guardar una confidencia mediante una comparación con algo tangible. La niña había escuchado que la señora Ruiz le contaba a su madre un serio problema familiar. Luego que la vecina salió, su mamá le dijo:

-Si la señora Ruiz hubiera dejado su monedero aquí, ¿se lo daríamos a otra persona?

-¡Por supuesto que no! -contestó la niña.

-La vecina nos ha dejado algo más precioso que su monedero -añadió la madre-, un secreto que puede hacer infeliz a la gente. Esta confidencia no es nuestra para que podamos dársela a cualquiera; pertenece a la señora Ruiz, aun cuando la haya dejado aquí. Por eso no se la daremos a nadie, ¿entiendes?

La pequeña entendió, y esa clara lección le sirvió para toda la vida. Comprendió que una confidencia o un secreto dicho por un amigo le pertenecen siempre a él. y nunca se sintió en libertad para comunicarlos a otros.

David también comprendió esto. No obstante, sabía que por sí mismo era incapaz de dominar su lengua, ya que «nadie ha podido dominar la lengua. Es un mal que no se deja dominar y que está lleno de veneno mortal» (Santiago 3: 8). Por eso rogó:

«Toma control de lo que digo, oh Señor, y guarda mis labios». Esta también puede ser tu oración, y al hacerla recibirás la ayuda divina para vencer, ¿te gustaría poner tus palabras en las manos de Dios?

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