Matutina para Adultos | Miércoles 17 de Mayo de 2023 | “Ninguna nación alzará la espada”

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“Ninguna nación alzará la espada”

“Ellos convertirán sus espadas en azadones y sus lanzas en hoces. Ninguna nación alzará la espada contra otra nación ni se preparará más para la guerra” (Miqueas 4:3).

De acuerdo con el informe presentado en el Índice de Paz Global del año 2021 nuestro mundo está inquieto. Por novena vez en los últimos trece años la paz mundial se ha visto deteriorada, especialmente en setenta y tres países. Uno de los datos que más me sorprendió fue que la pandemia tuvo un impacto significativo en el aumento de los niveles de conflicto y violencia. Si la gente estaba en su casa, ¿cómo pudo la pandemia propiciar actos de violencia? Según este informe, gran parte de esa violencia apareció como reacción a las medidas que los gobiernos tomaron para detener la propagación del coronavirus. Entre enero de 2020 y abril de 2021 se produjeron más de cinco mil hechos violentos relacionados directamente con la pandemia.

Si le preguntamos a cualquier ciudadano promedio si quiere vivir en paz, respondería que sí; sin embargo, nuestro deseo de paz produce guerras constantes. ¡Qué paradoja! De niño me aprendí una canción de un cantante argentino que decía que en esta tierra es con guerras como se busca la paz. Parece contradictorio, pero es así. El salmista describe al ser humano con estas palabras: “Los dichos de su boca son más blandos que mantequilla, pero guerra hay en su corazón; suaviza sus palabras más que el aceite, mas ellas son espadas desnudas” (Sal. 55:21).

Como la guerra constituye un estado endémico del corazón humano, una contradicción que ha hecho de nosotros su morada, la paz nunca será el fruto de ninguna estrategia mundana. La paz verdadera y duradera solo será posible cuando el Príncipe de paz establezca su reino en la tierra. Una espléndida profecía mesiánica describe la obra de Cristo con estas palabras: “Él juzgará entre muchos pueblos y corregirá a naciones poderosas y lejanas. Ellos convertirán sus espadas en azadones y sus lanzas en hoces. Ninguna nación alzará la espada contra otra nación ni se preparará más para la guerra” (Miq. 4:3).

En una época de conflictos y guerras, el profeta nos promete que muy pronto habrá completa armonía para los habitantes de este pequeño planeta. A pesar de la agitada situación de nuestras ciudades y países, el Señor desvela ante nosotros un cuadro brillante, un futuro glorioso, una época en la que nadie se preparará para la guerra, porque viviremos en paz para siempre. ¡Qué extraordinaria promesa!

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