Matutina para Adultos | Martes 09 de Enero de 2024 | Dios: la fuente de todas nuestras bendiciones

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Dios: la fuente de todas nuestras bendiciones

“Dios es el que me ayuda, él está con los que sostienen mi vida” (Salmo 54:4).

Tengo un amigo a quien las circunstancias de la vida le han permitido ser muy determinante para que a mí llegasen algunas de las más grandes bendiciones que he recibido. Naturalmente se trata de una persona a quien no solo quiero mucho, sino a quien también le tengo un inmenso agradecimiento.

Más de una vez le he dicho a mi amigo: “Tengo mucho que agradecerte, porque eres el ser humano a quien Dios ha usado para traer a mi vida algunas de las bendiciones más importantes que he recibido”. Para mí es importante entender esta realidad de esta manera, porque detrás está la que me parece una sana filosofía de vida, a saber, que Dios es quien nos da todas las cosas buenas que llegan a nosotros. Y aun cuando usa a otros seres humanos para llevar a cabo parte de su plan, y aun cuando debemos ser agradecidos con esos seres humanos, en realidad no les debemos nuestras vidas ni las cosas que tenemos o disfrutamos a esas personas sino a Dios, que obra a través de ellas.

David parecía tener esta misma forma de entender las cosas. Se había visto en situaciones muy apremiantes, pero también había encontrado a personas que literalmente sostuvieron su vida. Personas como Jonatán, Abigail, Husai o Ahimelec. Pero más allá de lo humanamente visible, David pudo decir: “Dios es el que me ayuda, él está con los que sostienen mi vida”. Qué fascinante retrato de Dios.

Creo que deberíamos aprender a ver a Dios obrando a través de todas esas personas que usa para nuestro bien. Hemos de evitar caer en la tentación de creer que el instrumento que Dios usó es el que debe recibir lo que solo le corresponde a Dios. Si bien se trata de personas que siempre serán especiales para nosotros y a quienes siempre les estaremos agradecidos, lo más relevante es que nos hacen ver cuánto nos ayuda y nos bendice Dios.

Esa persona en tu trabajo, ese amigo o esa amiga, ese familiar que tanto te ha ayudado, tu esposo o tu esposa, esas son las personas que Dios ha mandado a tu vida para enviarte, a través de ellos, toda su ayuda y sus bendiciones. Si Dios no hubiese tocado sus corazones, las cosas que hicieron nunca habrían ocurrido.

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