Matutina para Adultos | Lunes 15 de Mayo de 2023 | “Será perdonado el que confiesa y deja el pecado”

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“Será perdonado el que confiesa y deja el pecado”

“Al que disimula el pecado, no le irá bien; pero el que lo confiesa y lo deja, será perdonado” (Proverbios 28:13, DHH).

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, la depresión es “la principal causa mundial de discapacidad”. ¿Por qué más de trescientos millones de personas padecen depresión en el mundo? Hay distintas causas detrás de los cuadros depresivos que experimentamos, pero una es quizá la más determinante.

En el siglo XX, Sigmund Freud sugirió que el sentimiento de culpa constituye la clave para entender la depresión. En 2012 un estudio encabezado por el profesor Roland Zahn, de la Universidad de Manchester, demostró, mediante imágenes de resonancia magnética, que las áreas del cerebro que están relacionadas con la culpa responden de manera diferente en quienes han tenido problemas de depresión.⁹⁸ La débil conexión que se da entre el lóbulo temporal anterior (que tiene que ver con una conducta aceptable) y el área cingulada subgenual (que tiene que ver con los sentimientos de culpa) en las personas que sufren depresión, “podría reflejar una incapacidad de comprender lo que resultó inadecuado en su conducta, cuando se sienten culpables”, y ello profundiza el cuadro depresivo, señala Zahn.

Se podría decir, entonces, que somos muchos los depresivos porque somos muchos los que cargamos con un terrible sentimiento de culpa. La relación entre la culpa y la depresión ya la había presentado la Biblia hace casi tres mil años cuando el salmista declaró: “Mientras no confesé mi pecado, mi cuerpo iba decayendo por mi gemir de todo el día, pues de día y de noche tu mano pesaba sobre mí. Como flor marchita por el calor del verano, así me sentía decaer” (Sal. 32:3, 4, DHH). En el Salmo 31:10 exclamó: “¡Se agotan mis fuerzas a causa de mi maldad y mis huesos se consumen!”

Por creación divina, tenemos el derecho a elegir la vida que queramos. Podemos declarar que el pecado no existe; sin embargo, cuando las luces se apaguen y el placer se haya esfumado, la culpa y la depresión serán nuestras inseparables compañeras. Y solo hay un camino para resolver esa angustia del alma: acudir a Dios y confesar nuestro pecado:

“Al que disimula el pecado, no le irá bien; pero el que lo confiesa y lo deja, será perdonado” (Prov. 28:13, DHH). El perdón divino es el remedio perfecto para la depresión.

98 S. Green, M. A. Lambon Ralph, J. Moll, J. F. W. Deakin, R. Zahn, “Guilt-Selective Functional Disconnection of Anterior Temporal and Subgenual Cortices in Major Depressive Disorder”, Arch Gen Psychiatry (2012; 69-10), pp. 1.014-1.021. doi:10.1001/archgenpsychiatry.2012.135.

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