Martes 21 de Marzo de 2023 | Matutina para Mujeres | Desjarretando caballos

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Desjarretando caballos

El Señor dijo entonces a Josué: “No les tengas miedo, porque mañana, a esta misma hora, haré que perezcan todos ellos ante Israel; tú desjarretarás sus caballos y quemarás sus carros”. Josué 11:6, BLPH.

A medida que el pueblo israelita se acerca a su destino final de poseer Canaán, la actuación sobrenatural de Dios disminuye, pero eso no significa que la presencia de Dios disminuya. Y es así como deben enfrentar reinos y fortalezas. Deben confiar, recordar los milagros pasados, y ejercer vigorosamente su fe. Al inicio de cualquier empresa, pudiste ver la mano milagrosa de Dios de muchas maneras. Dios quería demostrarte su aprobación y estaba construyendo tu fe. Ahora debes seguir confiando, aunque no veas milagros, y demostrar que tu fe ha madurado al punto de no necesitar un evento milagroso para seguir creyendo y confiando en que Dios dirige tus planes como dirigió a Josué en aquella guerra contra los reyes del norte.

Una vez más Josué enfrentó peligros y dificultades. Estaban por enfrentar un ejército tan numeroso y fuerte que es descrito “como la arena que está a la orilla del mar” (Jos. 11:4). Josefo, el historiador, afirma que eran “trescientos mil infantes armados, y diez mil de a caballo y veinte mil carros” (2CBA, p. 234). Josué debía seguir adelante confiando en las palabras del texto de hoy. Tendrían la victoria, pero no debían quedarse con el botín.

La palabra desjarretar significa cortar los tendones de las patas traseras de los caballos. Te preguntarás: ¿Por qué Dios estaba ordenando este maltrato animal? ¿No era más fácil que se quedaran con estos diez mil caballos y veinte mil carros? Eran los “vehículos blindados” y las armas potentes de esos días, ¿no serían estos útiles para futuras batallas? ¿A qué se debe esta drástica acción? Dios quería que el pueblo creyera en las promesas. “Unos confían en sus carros, otros en sus caballos, nosotros invocamos al Señor nuestro Dios” (Sal. 20:8, BLPH).

Cuando enfrentes un nuevo desafío, recuerda que la intención divina es que te mantengas apoyada en la Palabra de Dios.

Aunque no aparezcan milagros inmediatos, sigue confiando. “Mañana”, cuando enfrentes el compromiso que te espera, Dios peleará por ti. No necesitarás quedarte con el “botín”. Tú sabes qué “caballos tienes que desjarretar”, y qué “carros tienes que quemar”. No tengas miedo, deja a los que te persiguen en manos de Dios.

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