Martes 15 de Noviembre de 2022 | Matutina para Jóvenes | Dios te espera

Jóvenes noviembre 11, 2022
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Dios te espera

«Volviendo en sí, dijo: “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre”». Lucas 15: 17, 18, RV95

La parábola del hijo pródigo es una de las más famosas de las Escrituras. Lo que me llama la atención del pasaje que he seleccionado para esta meditación es que encontramos al joven rebelde conversando, no con un amigo, sino consigo mismo. Es bueno que, de cuando en cuando, conversemos con nosotros mismos; esas conversaciones son importantes. Es bueno que, de tiempo en tiempo, nos digamos la verdad. La mentira lastima al prójimo, pero es peor aún cuando nos mentimos a nosotros mismos. En este pasaje el hijo pródigo no solo está conversando consigo mismo, sino también está diciéndose la verdad. Está siendo honesto consigo mismo.

«Y volviendo en sí». Cuando una persona cambia la compañía del Padre por la de los cerdos, está fuera de sí. Cuando una persona prefiere la diversión baja, los placeres malsanos, el vicio, la impureza, antes que una conciencia limpia y una vida decente, está fuera de sí. «Y volviendo en sí» comenzó a analizar su situación: estaba en la miseria, en el completo fracaso. Había gastado mucho dinero, en realidad, lo había gastado todo. Había abandonado los privilegios del hogar y la compañía de sus padres. ¿Y qué había ganado? Todo lo que había logrado lo expresó en aquel lamento angustioso: «Yo aquí perezco de hambre».

Con cuánta exactitud la experiencia de este muchacho ilustra la situación de miles y miles de jóvenes que gastan lo que tienen en diversiones, placeres, vicios, en busca de felicidad, pero al igual que el hijo pródigo, terminan solos, sucios y muriéndose de hambre. Marilyn Monroe, hablando con un periodista, le dijo: «Soy una estructura sin fundamentos, estoy vacía», y terminó quitándose la vida. Muchas personas piensan encontrar placer en la fama, en los vicios y en las drogas. Pero lo extraordinario en la experiencia de este joven es que él no se quedó en la miseria, dijo: «Me levantaré e iré a mi padre».

El hijo pródigo no necesitaba tener un final triste, ni tú tampoco. Un momento antes estaba cabizbajo, lleno de vergüenza, contemplando a los cerdos, muriéndose de hambre, y unos momentos después volvía a la casa del padre para ser recibido con un abrazo lleno de amor y aceptación. Hoy @Jesús, el Salvador, te da la oportunidad de volver en ti mismo. Está esperándote. Levántate y emprende el regreso.

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