Martes 14 de Marzo de 2023 | Matutina para Mujeres | Rahab, la ramera

Tiempo de lectura: 2 minutos

Rahab, la ramera

“Sé que el Señor les ha dado esta tierra. Todos tenemos miedo de ustedes. Cada habitante de esta tierra vive aterrorizado”. Josué 2:9, NTV.

Rahab, pagana y prostituta, demostró que estaba dispuesta a arriesgar cuanto tenía por un Dios de quien apenas había escuchado. No midas la fe de una persona por su estilo de vida o apariencia.

Y los espías, ¿por qué entraron de noche en un prostíbulo? Estos lugares proveían hospedaje y alimentación, y ellos podrían pasar fácilmente inadvertidos.

Las palabras de Rahab demuestran su elección. Debía escoger entre ser fiel a su país o a Dios. En su decisión arriesgó todo: su vida, su familia y su fuente de trabajo. Se aferró a la misericordia de Dios y a la esperanza de que los espías volverían por ella y su familia. ¿Justificó Dios su mentira? Hechos 17:30 aclara que Dios pasa por alto esos tiempos de ignorancia, y en el caso de Rahab la luz apenas empezaba a llegar. Dios aceptó su intención sincera, aunque mezclada con ignorancia.

Rahab creció en su fe, se unió a la familia israelita, y fue la madre de Booz, el esposo de Rut, quien trató con misericordia a una extranjera como trataba a su propia madre. Booz experimentó el escarnio de ver a su progenitora cargando el oprobio de su vida pasada. Dondequiera que se menciona su nombre, lleva como subtítulo “la ramera”. El único lugar donde no sucede así es en Mateo 1:5, el pasaje donde Rahab es presentada como parte de la genealogía del Mesías.

Rahab fue la tatarabuela de David, y formó parte del árbol genealógico de Cristo Jesús. No hay pasado que la gracia de Dios no pueda redimir. Rahab obtuvo un espacio entre los héroes de la fe, aunque su reputación pasada la perseguía. Jesús puede cambiar tu pasado también, y no se avergüenza de incluirte en su genealogía como hija amada.

Sigue librando tu batalla diaria, como en la época de Josué. Aunque a veces no lo parezca, las fuerzas del mal se acobardan y tiemblan como los ciudadanos de Jericó. Elige, como Rahab, entre los bienes materiales y la fe en Dios. Pasa del miedo a la fe, te espera una gloriosa recompensa: ser incorporada en la familia de Jesús como su hija amada.

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