Lunes 28 de Noviembre de 2022 | Matutina para Adultos | ¿Sustituir a Dios?

Adultos noviembre 25, 2022
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¿Sustituir a Dios?

“Dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen el agua” (Jeremías 2:13).

Las cisternas tenían su utilidad en Palestina. De hecho, eran reservas de agua indispensables en zonas geográficas donde la lluvia era muy escasa durante el verano.

Sin embargo, con todo lo útiles que eran, a nadie se le ocurría cambiar un manantial de agua viva por una cisterna; ¡mucho menos por una cisterna rota! No obstante, eso era precisamente lo que Judá estaba haciendo al cambiar al Dios verdadero por dioses falsos. ¡A quién se le podía ocurrir!

Quizá lo más sorprendente en todo esto es que las naciones idólatras eran más fieles a sus dioses de lo que Judá era al Dios verdadero. Por eso, Dios pregunta: “¿Hay alguna nación que haya cambiado de dioses, a pesar de que no son dioses? ¡Pues mi pueblo ha cambiado al que es su gloria, por lo que no sirve para nada!” (vers. 11, NVI).

Lawrence O. Richards ilustra lo irracional de la conducta de Judá con la decisión que una persona toma de abandonar el manantial de agua cristalina que siempre ha tenido a su disposición, y se interna en el desierto en busca de cisternas que sacien su sed (The Bible Reader’s Companion, p. 450.). Totalmente irracional, ¿cierto?

Irracional y también necio. Es la necedad de buscar sustitutos al verdadero Dios; de dar la espalda al Dios que nunca desampara a sus hijos, para ir tras ídolos que no son capaces de socorrer en los momentos de aflicción. Por eso el profeta pregunta:

“Dime, Judá: ¿dónde están esos dioses que te fabricaste? […]. ¡Pues que se levanten ellos, a ver si cuando estés en problemas te pueden salvar!” (vers. 28, NVI).

Y ahora la pregunta para nosotros: ¿Cuál de los dos pecados de Judá podríamos estar cometiendo hoy? ¿El de dejar a Dios, la fuente de agua viva, o el de beber de cisternas rotas? Jamás se nos ocurriría rechazar a Dios, pero ¿cuán fácil es, a veces sin darnos cuenta, beber de las modernas cisternas –las riquezas, el aplauso, el poder–, buscando en vano que sacien nuestra sed?

Bendito Jesús, líbrame de la tentación de beber de cisternas que no pueden saciar mi sed de ti. En cambio, dame del agua que brota para vida eterna, a fin de no tener sed jamás.

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