Lunes 17 de Abril de 2023 | Matutina para Mujeres | Consultando a Dios

Tiempo de lectura: 2 minutos

Consultando a Dios

Pero los soldados le dijeron a David: “Si aun aquí en Judá vivimos con miedo, ¡cuánto más si vamos a Queilá para atacar al ejército filisteo!” 1 Samuel 23:3, NVI.

David y su ejército salieron de la cueva de Adulam, donde habían pasado el invierno, y regresaron a Judá. “El odio que Saúl sentía por David no era una razón para que este huyera a un país extranjero. Dios, que lo había protegido tantas veces en el pasado, no lo abandonaría, sino que encauzaría los acontecimientos para que, mediante penalidades y sufrimientos, recibiera la preparación necesaria para el liderazgo futuro” (2CBA, p. 561).

Mientras estaban escondidos en Judá, escucharon que los filisteos combatían a Queilá para adueñarse de las cosechas. La ciudad estaba ubicada a unos cuatro kilómetros de la cueva de Adulam en Moab. Los habitantes de Keila habían brindado protección a David y su tropa, así que se sentía en deuda con ellos, pero sus hombres tenían miedo de salir del escondite. David prudentemente presentó su situación a Dios.

“Dios se agrada cuando sus hijos consultan su divina voluntad. Mientras más frecuentemente hagan esto, más confianza tendrán en que Dios los sacará de su dificultad” (2CBA, p. 565). Consulta la voluntad divina en toda situación. Dios puede usarte si le permites ser tu guía.

Los hombres de David, aunque con poca preparación, entendieron la importancia de consultar a Dios, y consintieron en acompañar a su líder, venciendo todo miedo y confiando en que Dios les abriría camino. Cada acto de tu vida debe llevar el sello de aprobación de la voluntad de Dios.

David y su batallón sorprendieron a los filisteos y los derrotaron. “Lo que les corresponde es volcar su voluntad en el bando de Cristo. Cuando le entregan su voluntad, él inmediatamente toma posesión de ustedes, y obra en ustedes para que hagan su deseo. Entonces, su naturaleza queda sometida a su Espíritu. Hasta sus pensamientos quedan sujetos al Señor. Si no pueden dominar sus impulsos y emociones como desean, a lo menos pueden dominar la voluntad, de modo que se efectúe un gran cambio en su vida. Cuando entregan su voluntad a Cristo, su vida queda escondida con Cristo en Dios. Hace alianza con el poder que supera a todos los principados y las potestades. Ya tienen fuerza divina que los mantiene asidos a su fortaleza; y se abre ante ustedes la posibilidad de una nueva vida, y aún la vida de la fe” (1MCP, pp. 137).

Consulta con Dios la jornada de este día, haz de esto un hábito diario.

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