Lunes 09 de Enero de 2023 | Matutina para Adultos | “Te haré entender”

Adultos enero 6, 2023
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“Te haré entender”

Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos” (Salmo 32:8).

Nicolás Copérnico (1473-1543), considerado el precursor de la astronomía moderna, desafió los postulados de la ciencia aristotélica y ptolemaica al proponer que la Tierra no era el centro del universo, y que esta giraba alrededor del Sol. Por ello, durante la época del Renacimiento, llegó a ser considerado un enemigo tanto por los católicos como por los protestantes. La Iglesia Católica lo tildó de hereje y prohibió sus enseñanzas, así como la circulación de sus libros.

En sus Charlas de sobremesa, Martín Lutero consideró a Copérnico como “un astrólogo advenedizo que pretende probar que es la Tierra la que gira, y no el cielo, el firmamento, el Sol o la Luna” (4 de junio de 1539). De acuerdo con Lutero y con otros miembros de la jerarquía protestante, la visión copernicana era un vehemente desafío a las Sagradas Escrituras, según las cuales Josué ordenó al Sol que se detuviera y no a la Tierra. Adelantándose a sus detractores, Copérnico dijo en Sobre las revoluciones que los que negaban su revolución científica basándose en las Escrituras habían “malignamente distorsionado el sentido” de los textos bíblicos.6

Los creyentes, tanto católicos como protestantes, se empecinaron en que la Biblia les daba la razón y en que Copérnico era un hereje más; sin embargo, el paso inexorable del tiempo se encargaría de demostrar que ellos malinterpretaron las Escrituras y que Copérnico tenía razón. ¿Será que los “creyentes” nos sentimos los dueños de la razón y creemos que los demás están equivocados? Con bastante frecuencia solemos desestimar la opinión de los demás en busca de imponer la nuestra, ¡y casi siempre lo hacemos en nombre de la Palabra de Dios!, como los cristianos de la época de Copérnico. Esa actitud nos lleva a actuar con insensatez y a caer en las redes del error.

Como bien dijo el Sabio, “a cada uno le parece correcto su proceder” (Prov. 21:2, NVI). En lugar de sentirnos con el derecho de imponer nuestro punto de vista, lo ideal es que aprendamos a confiar “de todo corazón en el Señor y no en [nuestra] propia inteligencia” (Prov. 3:5, DHH).

Si lo hacemos, veremos el cumplimiento de esta promesa: “Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar” (Sal. 32:8). Y habrá ocasiones en que ese camino nos llevará a darle la razón a algún “Copérnico”.

6 Sobre las revoluciones (Barcelona: Ediciones Altaya, 1997), p. 11.

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