Lunes 08 de Agosto de 2022 | Matutina para Mujeres | Muy bueno

Matutinas agosto 4, 2022
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Muy bueno

“Entonces Dios miró todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!” (Gén. 1:31, NTV).

En cuanto abrí la puerta y vi su rostro, supe que algo estaba muy mal. Mi amiga — llamémosla Laura— tenía los ojos rojos e hinchados. La invité a entrar a mi casa y nos sentamos a charlar. Entonces, ella me contó que el tratamiento de fertilidad nuevamente había fallado. Laura y su marido habían ahorrado dinero, se habían permitido soñar una vez más con ser padres, y nuevamente habían quedado chasqueados. Lo que más le dolía a Laura era sentir que era su culpa; que su cuerpo y ella misma como mujer habían “fallado”. La abracé y lloramos juntas. ¡Ser mujer no es una tarea sencilla!

Las mujeres como Laura, y también aquellas que han padecido la tortura emocional de un aborto espontáneo, suelen padecer un sufrimiento doble: por un lado, no pueden tener hijos; por el otro, sienten que eso reduce su valor como mujeres y les roba su identidad. Sin minimizar el dolor de la pérdida (tanto de un hijo como del sueño de ser madres), debemos recordarnos las unas a las otras que nuestra identidad y el valor de nuestros cuerpos no dependen de su funcionalidad.

Luego de formar el cuerpo de Eva con sus propias manos, Dios dijo que todo lo que había creado era bueno en gran manera. Dios pronunció estas palabras antes de que ella diera a luz a Caín, e incluso antes de que ella consumara su unión con Adán. “Lo bueno del cuerpo de Eva no radica en lo que ella hace con él, sino en lo que Dios ha hecho al formarlo”, escribe Rachael Starke en su artículo “What are Women’s Bodies For?” Su valor “subyace objetivamente en su identidad como portadora de la imagen [de Dios], no subjetivamente en su funcionalidad”.

Sin importar tu apariencia, tus capacidades o discapacidades, si eres casada o soltera, fértil o estéril, eres una portadora de la imagen de Dios. Tu identidad no depende de lo que tu cuerpo pueda o no pueda hacer, sino de Aquel que te formó.

Nada ni nadie puede quitarte tu valor.

Señor, cuando me sienta tentada a creer que mi valor viene de la funcionalidad de mi cuerpo (de lo que mi cuerpo es o no es capaz de hacer), recuérdame que mi identidad depende de ti. Fui creada a tu imagen para adorarte.

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