Lunes 06 de Marzo de 2023 | Matutina para Mujeres | Exonerados de la guerra

Tiempo de lectura: 2 minutos

Exonerados de la guerra

Escúchenme, israelitas, hoy van a pelear contra sus enemigos, pero no tengan miedo. ¡Hagan a un lado la cobardía, y sean valientes! Deuteronomio 20:3, TLA.

El capítulo 20 de Deuteronomio establece las leyes de la guerra. El sacerdote era responsable de hablarle al pueblo antes de que entrara en batalla, para alentarlos y recordarles que Dios peleaba por ellos. Después, los oficiales daban las pautas para decidir quién debía ir a la batalla y quién podía quedar exonerado. ¡Jesús, nuestro Sacerdote y Oficial, sabe para cuales batallas no calificamos, y qué palabras decirnos para que no perdamos el ánimo!

La motivación destacaba: no desmayar, no temer, no azorarse y no desalentarse. Nada debilita las manos como un corazón tembloroso: el temor físico haría azorarse o turbarse, y esos nervios los llevarían a desalentarse unos a otros. Los exonerados de la guerra incluían: quienes tenían una casa nueva, quienes poseían un viñedo nuevo, los recién casados y los miedosos (Deut. 20:5-8). Puedes ver a un Dios amoroso interesado en las necesidades individuales. Analicemos cada excepción.

Quien no había estrenado su casa. No solo no había completado la provisión física, también incluía la necesidad de construir un altar de adoración para su familia. Antes de salir a pelear por tu fe, Jesús te invita a regresar y levantar un altar de adoración a Dios con tu familia.

El dueño de un viñedo. No comía de la cosecha durante los tres primeros años (Lev. 19:23). En el cuarto año debía llevar el fruto a Jerusalén en ofrenda de agradecimiento (vers. 24). Pero desde el quinto año el fruto era suyo (vers. 25) (ver 1CBA, p. 1037). Se debe ofrendar antes de pelear.

Los recién casados, a fin de que el hombre no muriese sin tener hijos que perpetuasen su nombre y sus intereses. Esta excepción duraba un año (Deut. 24:5). ¡Cuánto respeta Dios el matrimonio! Un recién casado en la guerra tendría su mente dividida, y haría de los afanes de la guerra un asunto desagradable. El servicio a Dios ha de ser perfectamente voluntario (Sal. 110:3).

Los miedosos, pues representaban el peligro de contagiar a los demás de un espíritu de cobardía. “Las victorias se ganan con disciplina, valor, dedicación al deber y un espíritu de abnegación” (1CBA, p. 1037).

Pídele a Dios que te quite todo miedo que constituya una barrera para pelear la batalla de la fe.

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