Lunes 04 de Julio de 2022 | Matutina para Menores | Nadie como él

Matutinas junio 30, 2022
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Nadie como él

“Te vi” (Juan 1:48 u.p.)

He tenido alumnos a quienes no hacía falta observarlos para que fuesen íntegros. Me emocionaba verlos crecer en sabiduría y estatura, en gracia para con Dios y los hombres, como crecía Jesús, según Lucas 2:52.

Cierto día, caminando por el jardín botánico de Buenos Aires, vimos un árbol muy torcido y arrugado. –¿Por qué creció así? –me preguntaron mis pequeñas hijas.

–Le faltó un tutor, un sostén, una guía que lo ayudara a enderezarse –fue mi respuesta. Natanael era recto, honesto y veraz. ¿Qué estaría haciendo debajo de la higuera donde Jesús lo vio? No sé. Tal vez meditando y orando, pensando en el Mesías prometido. Tal vez leyendo. La Biblia no lo dice. Pero seguramente hacía algo honorable, algo que atrajo la mirada divina hacia su persona.

Natanael respondió a la invitación de su amigo Felipe de ir a conocer al Mesías, pero conocía Nazaret (de donde era Jesús) y dudó al comienzo de que “algo bueno” pudiese salir de esa villa corrupta. No obstante fue igual, y con solo un encuentro con Jesús, decidió seguirlo. “¡Tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú eres el rey de Israel!”, le dijo. Con su mirada limpia y corazón puro, había podido reconocer fácilmente la pureza celestial. Jesús le respondió: “¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Mayores cosas verás”. Todos escuchaban con asombro. Comenzaba el ministerio de Jesús y eso era bueno.

Natanael, después llamado Bartolomé, era de esos amigos que uno quiere tener, pues es necesario, indispensable. ¿Y qué decir de Felipe? Un gran misionero. Un pescador de hombres. Alguien que no dijo una sola vez: “Ven y ve, he encontrado al Mesías”. También se lo dijo luego al etíope. ¿Recuerdas aquel viaje, en un carro? Felipe condujo al etíope a Jesús. En aquel carro, le explicó las profecías que hablaban del Hijo de Dios y sus sufrimientos para salvarnos.

Hace unos doce años, en Semana Santa en otro país, un niñito había invitado a más de ocho amiguitos a unas reuniones infantiles, que se llamaban “Ven y ve”. Venían todos juntos en un auto que manejaba el papá del niño. Recuerdo verlos bajar, uno detrás del otro, por la puerta de atrás. ¡Qué integridad la de ese niño, que no podía dejar de compartir la verdad que había encontrado!

¿Te gustaría atraer la mirada divina cada día? Jesús te dice: “Te vi, y yo estoy contigo todos los días hasta el fin”. Ámalo y sírvelo.

Mirta

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