Lección 10 Edición Adultos: “El fuego del infierno” Para el de 3 Diciembre de 2022

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Cuarto Trimestre de 2022

“El fuego del infierno”

Lección 10 :- Para el 3 de Diciembre de 2022

Sábado 26 de noviembre

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Marcos 9:42–48; Malaquías 4:1; Judas 7; 1 Timoteo 2:5; Hechos 2:29, 34, 35; 1 Juan 5:3–12.

PARA MEMORIZAR:
“Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tes. 5:21). l poeta italiano Dante Alighieri (1265-1321) escribió su famosa obra La divina comedia, que trata de un viaje ficticio del alma después de la muerte. El alma va al infierno en el interior de la Tierra; o al purgatorio, donde el espíritu humano puede purificarse y hacerse merecedor de ascender al cielo; o al paraíso, a la presencia de Dios mismo. Aunque solo es ficción, una obra literaria, el mensaje de Dante terminó teniendo muchísima influencia en la teología cristiana, especialmente en la teología católica romana.

La noción básica de que el alma inmortal va al infierno, al purgatorio o al paraíso es fundamental para esa iglesia. Muchas confesiones protestantes conservadoras también creen en un alma inmortal que, después de la muerte, asciende al paraíso o desciende al infierno. De hecho, si el alma humana nunca muere, entonces tiene que ir a algún lugar después de que muere el cuerpo. En resumen, una falsa interpretación de la naturaleza humana ha llevado a terribles errores teológicos. Esta semana nos ocuparemos de algunas de estas teorías no bíblicas, así como de la cosmovisión bíblica de lo que sucede después de la muerte.

 

Domingo 27 de noviembre
¿GUSANOS INMORTALES?
Compara Marcos 9:42 al 48 con Isaías 66:24. ¿Cómo entiendes la expresión “el gusano de ellos no muere” (Mar. 9:48)? Algunos interpretan el sustantivo singular “gusano” (Mar. 9:48) como una alusión a la supuesta alma o espíritu incorpóreo del impío que, después de la muerte, va directamente al infierno, donde nunca muere y sufre el tormento eterno. Pero esta interpretación no refleja la noción bíblica de la muerte inconsciente. Además, ignora el contexto veterotestamentario de este pasaje. En realidad, “ ‘el gusano’ en singular se utiliza genéricamente para ‘los gusanos’, no significa un solo gusano. La referencia es a los gusanos que se alimentan de cuerpos en descomposición” (R. G. Bratcher y E. A. Nida,

A Translator’s Handbook on the Gospel of Mark, p. 304). En Marcos 9:48, Jesús cita Isaías 66:24, que dice: “Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará, y serán abominables a todo hombre”. Esta aterradora escena metafórica retrata un campo de batalla donde los enemigos de Dios están muertos en el suelo y en proceso de destrucción. Los cuerpos que no consume el fuego los descomponen los gusanos; o quizá primero los consumen los gusanos y luego el fuego. De cualquier modo, no hay ninguna referencia a ninguna presunta alma que escape de la destrucción del cuerpo y que vuele al infierno. Pero ¿qué pasa con los “gusanos” que nunca mueren? El lenguaje metafórico de Isaías 66:24 (citado en Mar. 9:48) no implica que esos gusanos sean inmortales. (¿Gusanos inmortales?) El énfasis es que los gusanos no dejan incompleta su tarea destructiva. En otras palabras, siguen devorando el cuerpo de los malvados hasta destruirlo por completo. En cambio, los fieles hijos de Dios morarán gozosos en “los cielos nuevos y la nueva tierra” y adorarán a Dios en su misma presencia (Isa. 66:22, 23). Con destinos tan contrastantes en mente, no es de extrañar que Jesús declarara que sería mucho mejor que alguien entrara en el Reino de Dios sin una parte esencial de su cuerpo (sin una mano, un pie, o incluso un ojo) a tener un cuerpo perfecto que será destruido por gusanos y el fuego (Mar. 9:42–48). A fin de cuentas, nos salvamos o nos perdemos completamente; no hay término medio. Podemos tener vida eterna o sufriremos la destrucción eterna. ¿Qué decisiones tienes que tomar hoy? Esta realidad, la vida eterna o la destrucción eterna, ¿cómo debería repercutir en esas decisiones?

 

Lunes 28 de noviembre
EL FUEGO DEL INFIERNO
En su folleto para niños titulado The Sight of Hell [La visión del infierno], página 24, el sacerdote católico inglés John Furniss (1809-1865) ilustra el tormento eterno mediante una gran bola de hierro macizo, más grande que los cielos y la Tierra. “Un ave viene una vez cada cien millones de años y apenas toca la gran bola de hierro con una pluma de su ala”. El autor argumenta que los pecadores continuarán ardiendo en el infierno ¡aun después de que la bola de hierro se desgaste con esos ocasionales toques de plumas! Lo triste es que muchos protestantes aún hoy creen en algo similar en cuanto a los perdidos.

Lee Malaquías 4:1 y Judas 7. Estos pasajes ¿cómo pueden ayudarnos a entender mejor la noción del “fuego eterno” o la idea, como Jesús la expresó, de que los perdidos estarán en “el fuego eterno” (Mat. 18:8) o en un “fuego que no puede ser apagado”? (Mar. 9:43). La palabra “eterno” (hebreo, ‘olam; griego, aión, aionios) tiene diferentes significados, según el contexto inmediato. Por ejemplo, cuando se relaciona con Dios (Deut. 33:27, “eterno”), la palabra expresa su eternidad. Cuando se relaciona con los seres humanos (Éxo. 21:6, “para siempre”), la palabra se limita a su tiempo de vida. Cuando califica al fuego (Mat. 18:8; 25:41; “eterno”), implica que el fuego no se apagará hasta no consumir completamente lo que se está quemando. Esto significa que el “fuego eterno” será eterno en el sentido de que consumirá a los malvados en forma completa e irreversible, “y no les dejará ni raíz ni rama” (Mal. 4:1).

La teoría del castigo eterno de los impíos tiene serias implicaciones. Si se castigara a los malvados para siempre, el mal nunca se erradicaría. Además, toda la vida humana deriva de Dios (Deut. 32:39; Sal. 36:9), quien “no [s]e alegr[a] con la muerte del malvado” (Eze. 33:11, NVI). ¿Por qué, entonces, continuaría dando vida a los malvados para que sufran un tormento sin fin? ¿No sería mucho más razonable que acabara con su existencia? Si los impíos serán castigados “según sus obras” (Apoc. 20:12), ¿por qué entonces una corta vida humana debe ser castigada indefinidamente? Todas las referencias bíblicas al “fuego eterno” deben considerarse alusiones al “lago de fuego” posterior al milenio de Apocalipsis 20 (ver la lección 13). Por lo tanto, no es bíblico hablar de un infierno que ya está presente y que arde para siempre. Si bien el infierno de fuego es nefasto, la verdad sobre el infierno ¿qué nos revela sobre el amor de Dios, especialmente en contraste con la idea del tormento eterno?

 

Martes 29 de noviembre
LOS SANTOS EN EL PURGATORIO
La Iglesia Católica Romana sostiene que los muertos que no merecen el infierno pero que aún no están listos para el paraíso pueden purgar sus pecados en el purgatorio y luego ascender de allí al paraíso. Sus sufrimientos en el purgatorio pueden reducirse con las oraciones y las penitencias de sus seres queridos. El Catecismo de la Iglesia Católica es explícito sobre el purgatorio: “Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su salvación eterna, sufren una purificación después de su muerte, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en el gozo de Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, parte 1, secc. 2, cap. 3, art. 12, párr. 1.030). Señala, además, que su sufrimiento puede aliviarse con las oraciones de sus seres queridos, así como con otros actos en favor de los muertos. “La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos” (Catecismo de la Iglesia Católica, parr. 1.032).

Lee Eclesiastés 9:10, Ezequiel 18:20 al 22 y Hebreos 9:27. ¿Cómo refutan estos pasajes la teoría del purgatorio? El dogma del purgatorio combina la noción pagana de un infierno ardiente con la práctica pagana de orar por los muertos. Este dogma es inaceptable para quienes creen en las enseñanzas bíblicas (1) de que los muertos descansan en forma inconsciente en sus tumbas (Ecl. 9:10); (2) que la justicia de un ser humano caído no se puede transferir a otro ser humano caído (Eze. 18:20-22); (3) que nuestro único Mediador es Jesucristo (1 Tim. 2:5); y (4) que a la muerte le sigue el Juicio Final, sin ninguna segunda oportunidad para arrepentirse de las trampas de esta vida (Heb. 9:27). Una implicación aún más seria es hasta qué punto la teoría antibíblica del purgatorio distorsiona el propio carácter de Dios. De hecho, “la obra de Satanás desde su caída es malinterpretar a nuestro Padre celestial. Él sugirió el dogma de la inmortalidad del alma. […]

La idea de un infierno que arde eternamente es fabricación de Satanás; el purgatorio es invención suya. Estas enseñanzas falsifican el carácter de Dios, para que se lo tenga por severo, vengativo, arbitrario y falto en perdonar” (Manuscrito 51, 10/12/1890). En vez de que los muertos esperen la venida de Cristo dormidos, este concepto sostiene que están en el purgatorio, y que allí sufren hasta que alguien logre sacarlos. Los errores como el purgatorio o el tormento eterno ¿qué nos enseñan sobre la importancia de la doctrina? ¿Por qué es importante lo que creemos y no solo en quién creemos?

 

Miércoles 30 de noviembre
UN PARAÍSO CON ALMAS INCORPÓREAS
Aunque los protestantes no aceptan el purgatorio, muchos creen que las almas de los justos muertos ya disfrutan del paraíso en la presencia misma de Dios. Algunos argumentan que esas “almas” son solo espíritus incorpóreos; otros creen que son espíritus incorpóreos, pero cubiertos por un cuerpo espiritual de gloria. Cualquiera que sea el supuesto estado metafísico de los muertos vivos, estas teorías socavan la doctrina bíblica de la resurrección final y el juicio de los muertos. ¿Por qué hay una resurrección y un juicio (Apoc. 20:12-14), si las almas de los justos ya están disfrutando del paraíso?

Lee Hechos 2:29, 34 y 35, y 1 Corintios 15:16 al 18. ¿Cómo arrojan luz estos pasajes sobre el estado de los muertos y los que esperan la resurrección? La Biblia enseña que todos los seres humanos que ya están en el cielo fueron trasladados vivos, como en el caso de Enoc (Gén. 5:24) y Elías (2 Rey. 2:9-11), o resucitados de entre los muertos, como Moisés (Jud. 9) y aquellos que resucitaron con Cristo (Mat. 27:51–53). Como ya hemos visto, la alusión a las almas “bajo el altar” que claman a Dios por venganza (Apoc. 6:9-11) es solo una metáfora de la justicia, y no valida la teoría de la inmortalidad natural del alma. De lo contrario, estas personas difícilmente estarían disfrutando de su recompensa eterna. En realidad, la tumba es un lugar de descanso para los muertos, que inconscientemente esperan la resurrección final, cuando se restaurará su existencia consciente. Los muertos, incluso los muertos justos, no son almas incorpóreas que deambulan por el cielo, esperando pacientemente reunirse con su cuerpo en la resurrección final.

Además, ¿de qué podría estar hablando Pablo en 1 Corintios 15:18, cuando dice que, si no hubo resurrección de los muertos, entonces “también los que durmieron en Cristo perecieron”? ¿Cómo pudieron perecer, si ya están en la dicha celestial y han estado allí todo el tiempo desde que murieron? Una doctrina central y clave del Nuevo Testamento, la resurrección de los muertos cuando Cristo regrese, queda invalidada por la falsa enseñanza de que los justos muertos se elevan hacia su recompensa eterna inmediatamente después de morir. Sin embargo, escuchamos esto todo el tiempo, especialmente en los funerales. ¿Cómo podrías ayudar a la gente a comprender que la idea de que los muertos duermen en la tierra es realmente una “buena noticia”, en el sentido de que realmente están en reposo y no sienten dolor ni sufren?

 

Jueves 1º de diciembre
LA COSMOVISIÓN BÍBLICA
Lee 1 Juan 5:3 al 12. ¿Por qué el apóstol Juan limita la “vida eterna” solo a quienes están en Cristo? La doctrina bíblica de la inmortalidad condicional del ser humano, en contraste con la teoría antibíblica de la inmortalidad natural del alma, se hace explícita en 1 Juan 5:11 y 12. Para comprender el significado de este importante pasaje, debemos recordar que solo la Deidad “tiene inmortalidad” (1 Tim. 6:15, 16) y es la única Fuente de vida (Sal. 36:9; Col. 1:15-17; Heb. 1:2).

Cuando el pecado entró en el mundo mediante la caída de Adán y de Eva (Gén. 3), ellos y todos sus descendientes (incluso nosotros) cayeron bajo la maldición de la muerte física y perdieron el don de la vida eterna. Pero nuestro Dios amante implementó el plan de salvación para que los seres humanos recuperaran la vida eterna, la vida que debió haber sido suya desde el principio. Como escribió Pablo: “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Efe. 1:4). El apóstol Pablo explica que, “como el pecado entró en el mundo por un hombre [Adán], y por el pecado la muerte”, así por medio de “uno solo, Jesucristo”, todos los seres humanos tienen acceso al don gratuito de la vida eterna (Rom 5:12-21).

Aquí Pablo hace una referencia inequívoca a un Adán literal que trajo el pecado y la muerte a este mundo. Nada tiene sentido en la Biblia sin un Adán literal que, por causa de la transgresión, trajo el pecado y la muerte a nuestro mundo. Por lo tanto, agrega el apóstol Juan, “Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:11, 12). El panorama completo se vuelve más claro a la luz de las declaraciones de Jesús: “Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:40), y: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).

Esto significa que la vida eterna es un don de Dios que recibimos por medio de Cristo, que se consigue en el presente, pero se disfruta plenamente solo después de la resurrección final de los justos. La conclusión es muy sencilla: Si se concede vida eterna solo a los que están en Cristo, los que no están en él no tienen vida eterna (1 Juan 5:11, 12). En cambio, la teoría de la inmortalidad natural del alma adjudica vida eterna, en el paraíso o en el infierno, a todos los seres humanos, incluso a los que no están en Cristo. Por más que esta enseñanza sea popular, no es bíblica

 

Viernes 2 de diciembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee Elena de White, El conflicto de los siglos, “El misterio de la inmortalidad”, pp. 521- 538; “¿Pueden hablarnos nuestros muertos?”, pp. 539-550. “Sobre el error fundamental de la inmortalidad natural descansa la doctrina de la conciencia en la muerte; doctrina que, como la del tormento eterno, se opone a las enseñanzas de las Escrituras, a los dictados de la razón y a nuestros sentimientos de humanidad. Según la creencia popular, los redimidos en el cielo están al tanto de todo lo que pasa en la Tierra, y especialmente en la vida de los amigos que dejaron atrás. Pero ¿cómo podría ser una fuente de felicidad para los muertos conocer las tribulaciones de los vivos, ser testigos de los pecados cometidos por sus amados, y verlos sufrir todas las penas, desilusiones y angustias de la vida? ¿Cuánto podrían gozar de la dicha del cielo los que revolotean sobre sus amigos en la Tierra? ¡Y cuán profundamente repulsiva es la creencia de que, apenas exhalado el último suspiro, el alma del impenitente es arrojada a las llamas del infierno! ¡En qué abismos de dolor deben hundirse los que ven a sus amigos bajar a la tumba sin preparación, para entrar en una eternidad de pecado y aflicción!” (CS 533).

 

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

Quienes han hablado con otros cristianos sobre el estado de los muertos y la naturaleza del infierno, lo más probable es que hayan descubierto cuán inflexibles y firmes son las personas en su creencia, no solo en la idea de que los salvos van inmediatamente al cielo, sino incluso en que los perdidos están en el tormento eterno del infierno. ¿Por qué crees que es así? Una cosa es que quieran creer que sus seres queridos fallecidos están “con el Señor” (y esto es entendible hasta cierto punto aunque, como hemos visto, todavía queda el tema de cuán angustiante sería para ellos contemplar el desastre de acá abajo). Pero ¿por qué existe un apego tan fuerte a la horripilante idea de que los perdidos son atormentados eternamente en el infierno? ¿Qué nos enseña este hecho acerca de cuán poderosa puede ser la tradición? Analicen en clase.
La mayoría de las confesiones cristianas proclaman la teoría no bíblica de la inmortalidad natural del alma, con todas sus teorías correlacionadas. ¿Qué más deberíamos hacer como iglesia (además de lo que ya estamos haciendo) para proclamar al mundo la visión bíblica de la muerte y el más allá?
Aunque el poema de Dante, La divina comedia, era mera ficción, ejerció una gran influencia para ayudar a consolidar enseñanzas falsas en la mente de la gente sobre lo que sucede al “alma” después de la muerte. ¿Qué lecciones podemos aprender de la facilidad con que la teología cristiana puede verse influenciada por enseñanzas externas? ¿Qué otras ideas no cristianas influyen en el pensamiento cristiano incluso en la actualidad, y cómo podemos protegernos de ellas?

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