La verdad del yugo desigual

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«No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?» (2 Corintios 6:14)

Hace algunos días atrás una persona me hizo la siguiente consulta: «¿Es verdad que ese asunto del “yugo desigual” de 2 Corintios 6:14 no se aplica al matrimonio y qué los cristianos hacen violencia religiosa con ese texto bíblico?» Esa pregunta me resultó tan interesante, que decidí compartir la respuesta a través de este artículo.

Introducción

Un estudio detallado de la frase «yugo desigual» nos devela que el apóstol Pablo no se está refiriendo directamente al matrimonio, pero resalta una idea central válida para todas nuestras relaciones sociales.

La palabra «yugo» en los tiempos bíblicos, «era una barra que unía a dos animales, generalmente de la misma clase. A menudo era una pieza de madera curvada en cada extremo; a esta barra se unían otras dos piezas de madera arqueadas que se colocaban alrededor del cuello de los bueyes».[1] También, podría hacer referencia al «aparato que aprisionaba el cuello de los cautivos y al que se ataban también las manos».[2]

Por otro lado, la palabra `desigual´ viene del griego heterozugéō y se usa «para unir dos animales de diferentes clases»[3]. Entonces, las dos palabras juntas apuntan a «contraer una alianza desigual».[4]

Esta idea de no unir un yugo desigual, es una metáfora tomada de Deuteronomio 22:10,5 donde la ley prohibía arar con buey y asno unidos bajo el mismo yugo.

La metáfora de la esclavitud espiritual

Bajo ese trasfondo, el yugo estaba relacionado a la esclavitud, pero figurativamente, a cualquier carga impuesta sobre otro o cualquier medio de sujeción. No obstante, hay que tener en cuenta, que la aplicación teológica, apunta a una metáfora de una esclavitud espiritual y no física, es decir, a quién nos sujetamos, pertenecemos y servimos. En esta línea de pensamiento, Pablo menciona el yugo para aludir a quienes eran esclavos de la ley, es decir, a los extremadamente legalistas.[6] Los siguientes versículos nos sirven de ejemplo: Entonces, «¿por qué tratan ahora de provocar a Dios poniendo sobre el cuello de esos discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros antepasados hemos podido soportar?».[7] «Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud».[8]

El último texto mencionado, no está afirmando que en Cristo estamos libres de todo yugo, sino del que no le pertenece, puesto que Jesús mismo nos invita: «Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas».[9] El yugo de Cristo significa aceptar su doctrina y dirección de vida cuya base es el amor. «En el contexto de 2 Corintios 6, Pablo tiene en mente la enseñanza y prácticas de los incrédulos. Toda la porción tiene que ver con la separación doctrinal y eclesiástica. Los corintios se habían cerrado para con el apóstol porque se habían sometido al yugo de los maestros falsos, quienes predicaban otro Jesús, otro espíritu y otro evangelio (11:4)».[10] El seguidor de Jesús es llamado a separarse de toda enseñanza y práctica contraria a la sana doctrina, para que experimente una vida sosegada y bendecida, [porque mi yugo es suave y mi carga es liviana»,[11] aseveró el Maestro.

No ponerse en yugo desigual con los paganos

Por lo expuesto, «yugo desigual», apuntaba a la necesidad de los creyentes de Corinto de no ponerse el yugo de los paganos, esto es, separarse de las prácticas de la cultura pagana en la que vivían y de la enseñanza de los falsos profetas, con la determinación de no sujetarse, ni pertenecer, menos servirle. El mismo apóstol es enfático en esa exhortación porque su propio pueblo, tenía el antecedente de esa unión desigual, puesto que «Israel se mezcló con las naciones (Esdras 9:2; Salmo 106:35; Oseas 7:8); una multitud mixta subió con ellos desde Egipto (Éxodo 12:38)».[12] Asimismo, el contexto inmediato del texto en estudio respalda esa separación con cinco preguntas fulminantes: «¿Qué pueden tener en común la justicia con la maldad? ¿Cómo puede la luz llevarse bien con la oscuridad? ¿Qué armonía puede haber entre Cristo y el diablo? ¿Cómo puede un creyente estar de acuerdo con un incrédulo? ¿Qué Unión puede existir entre el templo de Dios y los ídolos?»[13]

Conclusiones

En sentido general, 2 Corintios 6:14 se aplica a las relaciones de cualquier clase en las que los creyentes serán influenciados de manera incisiva e importante por las actitudes y acciones de las personas contrarias a sus creencias o simplemente que no las valoren como pertinentes. Las asociaciones empresariales y organizacionales seculares que exigen juramentos de fidelidad, un trabajo u ocupación, los vínculos matrimoniales, y otras relaciones que transgredan y colisionen con las enseñanzas bíblicas, también encajan aquí.

También en el matrimonio

Entonces, en relación con la pregunta que abrió este estudio y que involucra la unión matrimonial, nuestro texto de estudio también encaja perfectamente en esa relación. Porque para que el matrimonio funcione de acuerdo con el ideal de Dios, un/a creyente necesita casarse con otro/a creyente. La Biblia muestra que cuando Dios juntaba directamente a un hombre y una mujer en matrimonio, ambos eran creyentes. «Aunque las costumbres paganas fomentaban el matrimonio con cualquier persona (cf. Génesis 16), Israel recibió mandatos explícitos de no casarse con extranjeros que los llevarían a adorar a deidades extranjeras (Deut. 7:1–4; cf. 13:6–11; 17). :1–7; 20:17; 23:2)… lo que significa que debe evitarse cualquier acción que provoque la unión del creyente con el no creyente, o formas no creyentes».[14]

En síntesis, si bien es cierto que en 2 Corintios 6:14 «la exhortación de Pablo es a la ‘separación’ de la societas del paganismo en general (v. 17)»[15] y no fue escrita exclusivamente para el contexto matrimonial, no significa que el principio que se extrae de ese texto no se aplique a las relaciones amorosas y el matrimonio, más bien, la misma palabra «yugo» conecta con el casamiento, porque «el vocablo castellano ‘cónyuge’ significa precisamente ‘compartir el mismo yugo con otra persona’, como es el caso del marido y la mujer en el matrimonio».[16] Por lo mismo, al ser el vínculo matrimonial, una sociedad que pretende una sana y dichosa convivencia, distanciarse de un «yugo desigual» es pertinente y necesario para el éxito amoroso de una persona. «Ningún otro principio ha sido más estrictamente prescrito por Dios. La violación de este principio a lo largo de toda la historia del pueblo de Dios, ha resultado inevitablemente en un desastre espiritual».[17]

Separación natural del «yugo desigual»

Como complemento a lo aseverado, la Biblia también enfatiza la separación natural que debe existir entre dos o más entes no están de acuerdo o se «unen en yugo desigual»: «Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro o querrá mucho a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas».[18] «Y si una familia está dividida contra sí misma, esa familia no puede mantenerse en pie».[19]

En medio de una sociedad arrastrada por corrientes liberales y frente a la llamada «violencia religiosa» cuyos autores no comprenden la ética bíblica, este versículo cobra una relevancia muy significativa, como un letrero de advertencia para los creyentes de los peligros de «colocarse un yugo desigual», uno que atente contra su estilo de vida o sus creencias religiosas. A la vez, puede ser también una barrera, que logre contener todos los ataques mortales que están intentando destruir al matrimonio y la familia original, tal como salieron de la mente y las manos del Creador.

Autor: Joe Saavedra, ThD, pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España. Ubícame en Twitter: https://twitter.com/joesaa o puedes escribirme a jsaavedra@adventista.es
Imagen: Shutterstock

Referencias:

[1] Larry Fine, «YUGO», ed. Richard S. Taylor et al., trans. Eduardo Aparicio, José Pacheco, y Christian Sarmiento, Diccionario Teológico Beacon (Lenexa, KS: Casa Nazarena de Publicaciones, 2009), 731.
[2] Siegfried H. Horn, ed. Aldo D. Orrego, trans. Rolando A. Itin y Gaston Clouzet, Diccionario Bíblico Adventista (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1995), 1209–1210.
[3] James Orr et al., eds., «Unequal», The International Standard Bible Encyclopaedia (Chicago: The Howard-Severance Company, 1915), 3037.
[4] Alfred E. Tuggy, Lexico griego-español del Nuevo Testamento (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 2003), 381.
[5] Ver también Levítico 19:19
[6] Mientras que la legalidad se refiere al estado o práctica de estar legal (conforme a la ley), el legalismo es: (1) dependencia de la observancia de la ley como medio de salvación, y / o (2) esclavitud excesiva a la letra de la ley que pasa por alto su intención y que no la motiva el amor (Richard E. Howard, «LEGALISMO», ed. Richard S. Taylor et al., trans. Eduardo Aparicio, José Pacheco, y Christian Sarmiento, Diccionario Teológico Beacon (Lenexa, KS: Casa Nazarena de Publicaciones, 2009), 392)
[7] Hechos 15:10 (Nueva Versión Internacional – NVI)
[8] Gálatas 5:1 (NVI)
[9] Mateo 11:29 (NVI)
[10] Roberto Lloyd, Estudios Bıb́ licos ELA: El ministerio eficaz (2da Corintios) (Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C., 2005), 74–75.
[11] Mateo 11:30 (NVI)
[12] A. Colin Day, Collins Thesaurus of the Bible (Bellingham, WA: Logos Bible Software, 2009).
[13] 2 Corintios 6:14-16 (Nueva Biblia Viva – NBV)
[14] Ralph H. Alexander, «Marriage», en Evangelical dictionary of biblical theology, electronic ed., Baker reference library (Grand Rapids: Baker Book House, 1996), 513.
[15] David L. Jeffrey, A Dictionary of biblical tradition in English literature (Grand Rapids, MI: W.B. Eerdmans, 1992).
[16] Matthew Henry y Francisco Lacueva, Comentario Bıb́ lico de Matthew Henry (08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE, 1999), 1646.
[17] Francis D. Nichol y Tulio N. Peverini, eds., Hechos a Efesios, trans. Victor E. Ampuero Matta y Nancy W. de Vyhmeister, vol. 6, Comentario Biblico Adventista del Séptimo Día (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1996), 873.
[18] Mateo 6:24 (NVI)
[19] Marcos 3:25 (NVI)

La entrada La verdad del yugo desigual se publicó primero en Revista Adventista de España.

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