Jueves 24 de Noviembre de 2022 | Matutina para Adultos | Un glorioso día

Adultos noviembre 21, 2022
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Dietrich Bonhoeffer

Un glorioso día

“Ahora vemos por espejo, oscuramente; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como fui conocido” (1 Corintios 13:12).

“Aunque ya una carta de cumpleaños va en camino –escribió Dietrich a su enamorada–, no puedo resistir escribirte de nuevo. De hecho, me gustaría escribirte una carta de cumpleaños cada día…”

Quien escribe es Dietrich Bonhoeffer, pastor, teólogo, profesor universitario y, en ese momento, prisionero de Hitler. La enamorada es Maria von Wedemeyer-Weller, su prometida desde enero de 1943. La carta de felicitación por su cumpleaños sirve también para agradecerle a Maria por él ánimo que sus cartas le han dado, y para decirle lo mucho que siente no poder decirle esas cosas en persona: “Todavía tendré que seguir escribiendo –le dice–, pero ¿durante cuánto tiempo?” (The Wisdom and Witness of Dietrich Bonhoeffer, p. 100).

La verdad es que no escribiría por mucho más tiempo. El 9 de abril de 1945 Bonhoeffer moriría ahorcado por los nazis en el campo de concentración de Flossenburg, Alemania. Tenía solo 39 años.

Una vida, por cierto, muy corta. ¡Pero de cuánta inspiración para todos los que estuvieron en contacto con él, incluso en la prisión! Tanto en la cárcel como en los campos de concentración donde estuvo recluido, Bonhoeffer ministró a los enfermos y a sus compañeros de prisión, al expresar palabras de ánimo a los ansiosos y deprimidos, y compartir con ellos el evangelio de Jesucristo.

¿Por qué Bonhoeffer tuvo que morir tan joven, de una forma tan violenta y a manos de un régimen tan cruel? ¿No podía Dios haber conservado su vida? Pocos días después de su muerte, el campo de concentración en Flossenburg fue liberado por los Aliados. Unos días más, y su vida se habría salvado. Pero no ocurrió así. ¿Por qué? Quizá la respuesta está en la carta a Maria: ahí le dice que Dios altera nuestros planes, “para que se cumplan los suyos, los mejores planes que él tiene para nosotros”.

Quizá, pero hay una cosa que sí sabemos sin la sombra de una duda: aunque ahora vemos oscuramente, ¡un bendito día veremos “cara a cara”! Ese día, “las cosas difíciles de entender encontrarán explicación; y donde nuestra mente finita solo descubría confusión y propósitos quebrantados, veremos la más perfecta y hermosa armonía” (El camino a Cristo, p. 97).

¿Cuánto falta, Señor, para ese glorioso día?

Bendito Dios, cuánto anhelo el día glorioso cuando todas nuestras dudas serán aclaradas; ¡el día cuando finalmente veremos el rostro de nuestro amado Salvador!

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