Jueves 16 de Marzo de 2023 | Matutina para Jóvenes | Marca de identidad

Jóvenes marzo 13, 2023
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Marca de identidad

Circuncidaréis la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros. Génesis 17:11.

No se duda de las razones higiénicas de la circuncisión en el Antiguo Testamento, pero este símbolo tenía un significado mucho más profundo: identificaba al pueblo de Dios. Era una marca en la piel que señalaba al que la tenía como participante de una alianza, de una religión. Es interesante observar que el Señor no exigía una señal visible por todos, sino limitada al espacio de lo personal, de la intimidad. Fácilmente podemos identificar a un sij por sus largos cabellos, a un ortodoxo judío por sus tirabuzones o a una musulmana por su niqab. No tanto así ocurre con alguien circuncidado. Esa persona se sabía perteneciente a un pacto, pero lo vivía desde lo más íntimo. Era una señal de asociación desde lo interior y tal señal fortalecía su vínculo con lo trascendente.

Con el tiempo, el símbolo se convirtió en rito. El significado se transformó en una simple forma. Se conocía la mecánica, las precauciones, los cuidados, pero se había olvidado la razón: crear vínculos de cercanía entre Dios y la persona. De ahí que en Deuteronomio 10:16 se replantee el símbolo: “Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz”. Ya no era una cuestión de piel sino de verdadera alianza, de dejar a un lado las tozudeces de lo vacío y abrirse a la sensibilidad de lo vivido.

Es normal que, hoy como ayer, vivamos nuestra religión entre formas porque nos encontramos en tiempo y en lugares concretos, pero ¿responden esas formas a una relación de proximidad con Dios? ¿Son una señal o simplemente una cicatriz religiosa? ¿Nos permiten tener una mayor confianza con nuestro Señor? Si han perdido el sentido, no lo dudes, quita las cosas de más que hay en tu corazón, vuelve a la pureza y a la sensibilidad. Lucha intensamente por encontrar la razón de una relación de verdad, una relación que te identifica y que surge desde lo más profundo de tu ser. Recuerda siempre que la religión deja de ser religión cuando no va acompañada de relación. La relación lo es todo porque vincula y vivifica.

Jostein Gaarder, el escritor noruego, dijo: “Tal vez no exista una intimidad más grande que la de dos miradas que se encuentran con firmeza y determinación, y sencillamente se niegan a apartarse”. Miremos a Dios, cara a cara y, con denuedo digamos: ¡Aquí está mi corazón, es tuyo!

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