Jueves 12 de Enero de 2023 | Matutina para Jóvenes | Hecatombe de amor

Tiempo de lectura: 2 minutos

Hecatombe de amor

Pero Salomón amó a Jehová, y anduvo en los estatutos de su padre David; solamente sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos. 1 Reyes 3:3.

La palabra ‘hecatombe’ se emplea en la actualidad para una gran catástrofe, pero en la antigüedad tenía otro valor. Hecatombe significaba un sacrificio de 100 bueyes. Bueno, de muchos animales… no era necesario que fueran 100 ni que fueran bueyes. Un sacrificio así era muy caro, y se realizaba en momentos de gran penalidad o de gran bendición. Salomón amaba a Dios. Y lo manifestó en las cosas comunes, siguiendo las normas que había establecido su padre, el rey David. El amor suele expresarse de forma más cómoda en los pequeños detalles, en el día a día. El joven rey respetaba la gestión de su padre y continuó con sus enseñanzas. También lo hizo manifiesto en los actos públicos, en los momentos simbólicos ante el pueblo.

En primer lugar, le gustaba hacer las cosas bien, y no atendía a cultos híbridos en los que se pudiese confundir a Jehová con otras divinidades de la zona. Por eso solo ofrecía sacrificios y quemaba incienso en los lugares que claramente se identificaban con Jehová.

En segundo lugar, manifestaba su agradecimiento y su amor al Señor a lo grande. No le importaba lo que costase, si era para Jehová. Era un mensaje del que el pueblo, con total certeza, hizo acopio. Dice en 1 Reyes 3:4: ‘Iba el rey a Gabaón. porque aquel era el lugar alto principal, y sacrificaba allí: mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre el altar”. Sí, has leído bien. Diez hecatombes, 1.000 sacrificios. Nos parece muchísimo, pero, como te indicaba, quería dejar patente quién era Jehová y cuánto lo apreciaba. ¡Menuda declaración de amor!

Un día, en aquel lugar, Dios se le apareció en sueños y le correspondió en aprecio: “Pide lo que quieras que yo te dé”. Podía pedir lo que quisiera, absolutamente lo que quisiera. A mi manera de entender, era una prueba de amor verdadero. A ver si lo de los holocaustos era sincero o no. Pero Salomón le pidió sabiduría para cuidar al pueblo de Dios, y eso no era otra cosa que seguir manifestando a Jehová que lo apreciaba. Y Dios le concedió su deseo y compensó de sobra el gasto del sacrificio. Nunca hubo hombre más sabio.

No creo que Dios necesite de nosotros manifestaciones públicas tan impresionantes. Sí creo que le hace mucha ilusión cuando expresamos nuestro amor por él en espacios que van más allá de lo privado. Que brote del corazón un agradecimiento público al Señor tiene que resultarle como un exquisito bálsamo.

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