Jueves 03 Febrero de 2022 | Matutina para Mujeres | El Dios que me ve

Matutinas febrero 3, 2022
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El Dios que me ve

“A partir de entonces, Agar utilizó otro nombre para referirse al Señor, quien le había hablado. Ella dijo: ‘Tú eres el Dios que me ve’ ” (Gén. 16:13, NTV).

Tuve uno de esos sueños en los que estaba desnuda en público; en el autobús, para ser exacta. Me estaba cambiando de ropa ahí, con toda la gente mirando. Ni en el sueño podía entender mis acciones. ¿Qué hago semidesnuda aquí, en frente de todos? Pero ¡qué vergüenza!

El sentimiento de culpa y el arrepentimiento parecen similares, pero los frutos son muy diferentes. La culpa nos acusa: “Tú no eres lo suficientemente buena como para que Dios te escuche”. Este mensaje contiene un doble engaño. Por un lado, nos tienta a creer que algún día podremos llegar a ser lo suficientemente buenas como para ganar la aprobación de Dios. Por otro lado, nos flagela para que nos desesperemos cuando nuestros esfuerzos fallan.

El arrepentimiento dice: “Aunque tú nunca podrás ser lo suficientemente buena, Dios te ama igual”. El amor incondicional de Dios es nuestra red de seguridad. Nos permite admitir la fétida condición de nuestro corazón, sin caer al vacío de la desesperación. Dios ve nuestra alma desnuda: sin maquillaje, sin fajas, ni ropa interior con relleno. Lo profundamente maravilloso es que aun así Dios dice: “Yo te he amado […] con un amor eterno. Con amor inagotable te acerqué a mí” (Jer. 31:3, NTV).

Muchas hemos internalizado una voz crítica. A veces hasta pensamos que esta es la voz del Espíritu Santo. Pero Dios jamás nos pediría que nos acerquemos a él en nuestro momento más vulnerable, para luego apuntarnos con el dedo y decir: “¡Qué asco me dan tus arrugas y tus rollos. No te puedo ni mirar!” La Biblia es clara: el que nos acusa es Satanás; el Espíritu Santo nos trae arrepentimiento para vida. Aunque esté cubierta de lodo y oliendo a cloacas, Dios ve el valor inmutable que él mismo puso en mí cuando me formó a su imagen.

Desnudos y temblando, Adán y Eva se escondieron. Dios se acercó, no para condenarlos ni exigirles que ellos mismos encontraran una solución, sino para traerles esperanza. El sentimiento de culpa son las hojas de higuera.

El arrepentimiento genuino es permitir que Dios vea nuestra alma desnuda y nos cubra con la piel del cordero (Gén. 3:21). Jesús, gracias porque tú me ves y aun así me amas.

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