Jueves 02 de Febrero de 2023 | Matutina para Mujeres | El miedo de los israelitas

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El miedo de los israelitas

En cuanto los israelitas se percataron de que el faraón y su ejército iban hacia ellos, muertos de miedo clamaron al Señor. Éxodo 14:10, BLPH.

Por fin los israelitas habían dejado atrás la esclavitud. Liderados por Jehová por medio de Moisés y Aarón, más de dos millones de personas iniciaron el camino a la libertad. Las instrucciones divinas no los llevaron por el camino más corto. Canaán estaba al noroeste de Egipto; sin embargo, la columna de nube los dirigió hacia el sudoeste. Con razón el monarca egipcio pensó que los extraviados y poco inteligentes israelitas caerían pronto en sus manos mientras deambularan sin rumbo por el desierto. Pero Dios había preparado esta situación para que los egipcios y las naciones vecinas respetaran su nombre (ver 1CBA, p. 576).

Los israelitas también necesitaban aprender a confiar en Dios; fueron puestos en una situación en la cual no hubiera salvación sino por la mano fuerte de Jehová. A pesar de haber visto la protección divina mediante las plagas, todavía su única respuesta en este momento de crisis fue llanto, queja y desespero. Estos ex esclavos tenían que aprender repetidamente y por experiencia que Dios era su Proveedor. Cuánta angustia innecesaria nos evitaríamos si pudiéramos confiar en Dios desde el principio, enfocándonos en sus fieles promesas.

La situación parecía desesperada: encerrados al este por el mar, al sur por una escabrosa montaña, al oeste por el desierto, y al norte por los egipcios perseguidores, su escape era imposible. Estaban desarmados y sin preparación para el combate, y sin confianza en Dios. Su clamor era un grito de reclamación más que una oración de fe; o probablemente algunos pocos fieles clamaron a Dios mientras que otros murmuraban contra Moisés.

En tiempos de crisis, ¿a qué se inclina tu corazón? ¿Confías en que Dios te dará la victoria, aunque no entiendas cómo, o buscas culpables? La decisión que tomes será determinada por tu relación con Dios. ¿Qué es más fácil, quejarse, llorar y murmurar cuando te enfrentas al dolor, la tragedia y la pérdida inminente, o clamar a Dios por ayuda y amparo?

La confianza en el poder de Dios no se desarrolla instantáneamente, es necesario cultivarla mucho antes de que aparezcan las crisis. Te invito este día a cerrar tus ojos y repetir con calma muchas veces: ¡Señor, yo confío en ti!

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