HA RESUCITADO

EGW noviembre 6, 2022
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Al resucitar a Cristo de los muertos, el Padre glorificó a su Hijo delante de la guardia romana, delante de las huestes satánicas, y delante del universo celestial.  Un ángel poderoso descendió, vestido con la panoplia del cielo, ahuyentando las tinieblas a su paso, y después de romper el sello romano hizo rodar la piedra del sepulcro como si hubiera sido un pedrusco, deshaciendo en un instante el trabajo que había realizado el enemigo. Se oyó la voz de Dios que llamaba a Cristo de su prisión. La guardia romana vio a los ángeles celestiales postrarse reverentemente delante de Aquel a quien ellos habían crucificado, en tanto que el Señor proclamaba sobre el sepulcro abierto de José:  «Yo soy la resurrección y la vida». ¿Podemos sorprendernos ante el hecho de que los soldados cayeran en tierra como muertos?  (Exaltaa Jesús, p. 96).

Cristo fue el medio por el cual el Padre pudo derramar su amor infinito sobre un mundo caído. «Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo mismo al mundo». 2 Corintios 5:19. Dios sufrió con su Hijo. En la agonía del Getsemaní, en la muerte del Calvario, el corazón del Amor infinito pagó el precio de nuestra redención.

Jesús declaró: «Por esto el Padre me ama, por cuanto yo pongo mi vida para volverla a tomar». 16 Juan 10:17. Es decir:  «De tal manera os amaba mi Padre, que me ama tanto más porque di mi vida por redimiros. Porque me hice vuestro Substituto y Fianza, y porque entregué mi vida y asumí vuestras responsabilidades y transgresiones, resulto más caro a mi Padre; mediante mi sacrificio, Dios, sin dejar de ser justo, es quien justifica al que cree en mí».

Nadie sino el Hijo de Dios podía efectuar nuestra redención; porque solo él, que estaba en el seno del Padre, podía darle a conocer. Solo él, que conocía la altura y la profundidad del amor de Dios, podía manifestarlo. Nada que fuese inferior al infinito sacrificio hecho por Cristo en favor del hombre podía expresar el amor del Padre hacia la perdida humanidad (El camino a Cristo, pp.  13, 14).

[Los guardias romanos] se asombraron al ver que la gran losa había sido corrida de la entrada y que el cuerpo de Jesús había desaparecido. Se apresuraron a ir a la ciudad para comunicar a los príncipes y ancianos lo que habían visto. Al escuchar aquellos verdugos el maravilloso relato, palideció su rostro y se horrorizaron al pensar en lo que habían hecho.  Si el relato era verídico, estaban perdidos. Durante un rato, permanecieron silenciosos mirándose unos a otros, sin saber qué hacer ni qué decir, pues aceptar el informe equivaldría a condenarse ellos mismos.  Se reunieron aparte para decidir lo que habían de hacer. Argumentaron que si el relato de los guardias se divulgaba entre el pueblo, se mataría como a asesinos a los que dieron muerte a Jesús. Resolvieron sobornar a los soldados para que no dijesen nada a nadie… Por amor al dinero, los guardias romanos vendieron su honor y cumplieron el consejo de los príncipes y ancianos (Primeros escritos, p.  182).

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Notas de Ellen G. White para la Escuela Sabática 2022.
4to. Trimestre 2022 «¿QUÉ ES EL HOMBRE? “LA VIDA ETERNA: LA MUERTE Y LA ESPERANZA FUTURA”»
Lección 7: «LA VICTORIA DE CRISTO SOBRE LA MUERTE»
Colaboradores: Wilber Valero & Esther Jiménez

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