Escapando de los «egiptos» modernos

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Si hacemos un sondeo por la calle y preguntamos quién es Paul John James, probablemente todos o prácticamente todos contestarán que no han oído hablar de él. Pero la respuesta es muy diferente en Canadá, especialmente entre los aficionados al fútbol.

Paul John James, de 59 años, es una leyenda del fútbol canadiense. Fue parte de la mejor generación de jugadores de fútbol que Canadá ha dado en toda su historia. Jugó con su selección en las Olimpiadas de Los Ángeles 84, y dos años después, en el mundial de México 86. Para un país que está lejos de la élite del fútbol mundial, aquellos fueron años gloriosos, y el centrocampista Paul John James, uno de sus protagonistas.

En estos días, en el mundo del deporte en general, y del fútbol en particular, el nombre de Paul John James es actualidad, pero no por sus éxitos presentes; después de retirarse del fútbol fue entrenador durante unos años; y tampoco por sus éxitos pasados, vividos ya hace más de 25 años. El pasado 31 de diciembre, el periódico británico Mail, publicaba un artículo de James Sharpe en el que hablaba de la situación del exjugador de fútbol. La entrevista era el resultado de diferentes conversaciones que el periodista había mantenido con Paul John en los últimos meses.

De futbolista de élite a vagabundo

El exfutbolista ha vuelto a ser noticia por su condición de vagabundo desde finales del 2016. Deambula por las siempre agitadas calles de Londres, sin obligaciones que cumplir, sin responsabilidades que atender, sin hogar al que acudir, sin nadie que le espere ni note su ausencia. De refugio en refugio tratando de no acabar durmiendo en la calle, porque él bien sabe por experiencia propia, lo que es dormir entre cartones en la céntrica calle de Charing Cross o en los alrededores de la Catedral de Westminster. Lleva 13 años sin trabajar y la pobreza extrema le ha empujado a la mendicidad: Dispuesto a recibir limosnas que le permitan comprar algo de comer y algo de calzado, aunque sea de segunda mano.

El que fuera una joven estrella rutilante del deporte canadiense se ha convertido en una sombra de lo que fue. Un hombre que camina por las calles de Londres con el propósito de superar un nuevo día, siempre acompañado de un saco y una pequeña bolsa de deporte con algo de ropa y unas sábanas.

¿Qué es lo que ha llevado a esta leyenda del fútbol canadiense a la condición en la que se encuentra desde hace unos años?

La droga ha arruinado su vida

Quien un día había sido un gran atleta de reconocido éxito, prestigio y popularidad, hoy es un anónimo vagabundo que aspira a sobrevivir en las calles de la cosmopolita Londres. El mismo Paul John reconoce que la situación que lleva arrastrando desde hace años es culpa de su adicción a la cocaína. La probó por primera vez en 1998 y desde entonces, su vida ha girado en torno a su irrefrenable necesidad de drogarse. Afirma Paul que la droga es la que ha arruinado su vida. La que acabó empujándolo a la indigencia en su propio país y ahora, en la urbe londinense.

Es posible que la experiencia de Paul John James la veamos tan distante de nuestra realidad que nos cueste conectar con la triste situación que sufre. Pero ¿alguien podría atreverse a afirmar que los seguidores de Jesús somos inmunes a la enorme variedad de adicciones que existen y a las que estamos diariamente expuestos?

¿Somos los cristianos inmunes a las adicciones?

La Iglesia Adventista del Séptimo Día ofrece una visión integral de la salud, donde el cuidado del cuerpo es tan importante como el cuidado de la mente y de la espiritualidad, sin descuidar tampoco nuestra dimensión social que tiene que ver con las relaciones interpersonales saludables.

El salmista escribe que este mundo y todo lo que hay en él pertenece al Señor (Sal. 24 :1). Deuteronomio 10: 14 señala la misma idea, que a Dios le pertenece «todo lo que hay en la tierra» y eso incluye a todo ser humano. El apóstol Pablo es claro al respecto, tal y como indica en 1ª Cor. 6:19-20, «habéis sido comprados por precio. Por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo».

Pablo relaciona el cuidado de nuestra salud con el sacrificio que Jesús hizo por nosotros, porque la respuesta del creyente a su Salvador es querer cuidar las bendiciones que recibe de su parte, empezando por el cuerpo. Es por ello, que el estilo de vida que promociona la Iglesia Adventista tiene un fundamento espiritual, vivir sanamente para honrar a Dios, nuestro Creador y Salvador. Como expresa Pablo, «Así, si coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios».

Adicciones

La adicción puede definirse como una dependencia incontrolable. Fue la dependencia incontrolable a la cocaína lo que arruinó el proyecto de vida de Paul John James. Más allá de los estupefacientes, el alcohol o el tabaco, sabemos que en la actualidad existen otro tipo de adicciones muy extendidas en la sociedad actual de las que los creyentes también deberíamos protegernos, actitud que está en armonía con las enseñanzas de la Biblia.

El apóstol Pablo utiliza el símil del corredor y su preocupación por tener un estilo de vida que le permita aspirar a ganar «una corona corruptible» y lo compara con el creyente y su motivación más elevada que la del atleta para cuidar su salud, a saber, que su estilo de vida favorezca que un día pueda recibir «una corona corruptible». Por eso explica el apóstol de sí mismo en 1 Cor. 9: 24-27, que trata su cuerpo con rigor y disciplina (v. 27) para que su salud considerada desde una perspectiva integral, colabore en su caminar hacia la vida eterna.

Todo aquello que genera en nosotros un síndrome de abstinencia debiera ser revisado. Tengamos en cuenta, además, que hay situaciones que pueden pasar desapercibidas a la hora de ser valoradas como adicciones. Por ejemplo, el abuso en las horas de trabajo, el ocio excesivo, la ingesta desmedida, las excesivas horas frente a los dispositivos, etc.

Liberémonos de las adicciones

Las adicciones modernas impiden que vivamos con la plenitud que el Señor desearía que lo hiciéramos. Él sabe lo que nos destruye y por eso nos recuerda: «Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí» (Deut. 5: 6-7).

Cada día tenemos la oportunidad de rectificar y que nuestras «adicciones» sean otras: todas las que potencien el bien en nosotros y en los demás. Éste podría ser el año en el que los creyentes nos hiciéramos «dependientes» de la influencia del Espíritu Santo y de esta forma podríamos mantener una actitud más positiva frente a la vida.

Que nuestro reto sea buscar adicciones que nos ayuden a que el carácter de Cristo se refleje más que antes en los que nos llamamos discípulos de Jesús. Que éste sea el año de las adicciones que Dios puede y quiere bendecir.
Autor: Antonio Ubieto, pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Oropesa y Llíria (España), y colaborador de La Voz de la Esperanza.

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