EL SIGNIFICADO DE LA CRUZ

EGW noviembre 2, 2022
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Al llevar la penalidad del pecado al bajar a la tumba, Cristo  la iluminó para todos los que mueren  con fe. Dios, en forma humana, sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio. Al morir, Cristo  aseguró la vida eterna a todos los que crean en él y condenó  al instigador del pecado y la deslealtad a sufrir la pena del pecado: la muerte eterna.

El  Poseedor  y Dador de la vida eterna,  Cristo,  fue el único  que pudo vencer la muerte.  Él es nuestro  Redentor (Testimonios para  la iglesia,  t.  6, p. 233). En  su  primera  exhibición  de  desafecto,   Satanás  fue  muy   astuto. Solamente afirmaba  que lo que quería era lograr  un mejor estado de cosas, hacer  grandes  mejoras.  Indujo  a la primera pareja  a separarse  de Dios,  a apartarse   de su lealtad  a los  mandamientos divinos,  en  torno   al  mismo punto en que son tentadas y fracasan miles de personas  hoy en día; es decir, por  medio de sus propios vanos pensamientos. El verdadero  conocimiento es de origen  divino.  Satanás  insinuó  en  las  mentes  de nuestros  primeros padres el deseo por el pensamiento especulativo, por medio del cual declaró. que ellos mejorarían  su condición grandemente; pero, para lograrlo, deberían seguir por un camino  contrario a la santa voluntad de Dios, por cuanto Dios  no  los  conduciría a alturas  mayores.  No  era el propósito de  Dios que  ellos obtuvieran un conocimiento que  se basara en la desobediencia. Satanás procuraba dirigir  a Adán y Eva por  un campo ancho, y abre hoy ese mismo  campo  ante el mundo  por  medio  de sus tentaciones   (Testimonios para la iglesia, t.  5, pp. 474, 475).

«Si puedes  creer,  al que cree todo  es posible».  Marcos 9:23.  La fe nos une con el cielo y nos  da fuerza para contender con  las potestades de las tinieblas. Dios  ha provisto en  Cristo los  medios  para  contrarrestar toda malicia y resistir  toda  tentación, por  fuerte que  sea.  Pero muchos  sienten que  les  falta  la  fe, y por  eso permanecen apartados  de Cristo.  Arrójense estas almas, conscientes de su desesperada  indignidad, en los brazos  misericordiosos  de su compasivo  Salvador. No miren  a sí mismas, sino a Cristo. El  que sanó a los enfermos y echó fuera los demonios cuando  andaba  con los hombres, sigue siendo el mismo poderoso Redentor.  Echad mano, pues, de sus promesas  como  de las hojas del árbol  de la vida:  «Al que a mí viene, no le echo fuera». Juan  6:37. Al acudir a él, creed que os acepta, pues así lo prometió. Nunca  pereceréis  si así lo hacéis, nunca.

«Dios encarece su caridad para con nosotros, porque  siendo  aún pecadores, Cristo murió por  nosotros». Romanos 5:8.

«Si Dios está por  nosotros, ¿quién puede estar contra  nosotros? El que ni a su propio  Hijo perdonó, sino que le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos ha de dar también de pura gracia, todas las cosas juntamente con él? Romanos 8:31, 32 (El ministerio de curación, pp. 42, 43 ).

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Notas de Ellen G. White para la Escuela Sabática 2022.
4to. Trimestre 2022 «¿QUÉ ES EL HOMBRE? “LA VIDA ETERNA: LA MUERTE Y LA ESPERANZA FUTURA”»
Lección 6: «ÉL MURIÓ POR NOSOTROS»
Colaboradores: Wilber Valero & Esther Jiménez

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