EL PROCESO DEL JUICIO

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«Desde ahora -dijo Jesús-, habéis de ver al Hijo  del hombre sentado a la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes  del cielo». Con estas palabras,  Cristo  presentó el reverso de la escena que ocurría  entonces. Él, el Señor  de la vida y la gloria, estaría sentado a la diestra  de Dios. Sería el juez de toda  la tierra, y su decisión  sería inapelable. Entonces toda cosa secreta estaría expuesta a la luz del rostro de Dios, y se pronunciaría el juicio sobre todo  hombre, según sus hechos.

Las palabras  de Cristo hicieron estremecer al sumo  sacerdote. El pensamiento  de que  hubiese  de producirse  una resurrección de los  muertos, que hiciese comparecer a todos ante el tribunal  de Dios para ser recompensados según  sus obras, era un pensamiento que aterrorizaba a Caifás. No deseaba creer que en lo futuro  hubiese  de recibir sentencia de acuerdo con sus obras. Como en un panorama, surgieron  ante su espíritu  las escenas del juicio final. Por un momento, vio el pavoroso  espectáculo de los sepulcros devolviendo sus muertos,  con los secretos que esperaba  estuviesen  ocultos para  siempre.  Por  un momento, se sintió como  delante del Juez  eterno, cuyo ojo, que lo ve todo, estaba leyendo  su alma y sacando  a luz misterios que él suponía ocultos  con los  muertos (El Deseado de todas las gentes,  p. 654).

La obra de cada uno pasa bajo la mirada de Dios, y es registrada e imputada ya como  señal de fidelidad  ya de infidelidad. Frente a cada nombre, en los libros del cielo, aparecen, con terrible exactitud, cada mala palabra, cada acto egoísta, cada deber  descuidado, y cada pecado  secreto,  con  todas las tretas arteras. Las admoniciones o reconvenciones divinas despreciadas,  los momentos perdidos, las oportunidades desperdiciadas,  la influencia ejercida para bien o para mal, con sus abarcantes  resultados,  todo  fue registrado por el ángel anotador.

Si su nombre está  anotado en  el libro  de la vida  del Cordero,  todo estará bien con usted. Esté dispuesto a confesar sus faltas y a abandonarlas, de manera  que  sus errores y pecados  vayan a juicio  antes  de usted, y sean borrados  (The Faith  I Live By,  p.  211;  parcialmente en La fe por la cuavivo, p. 212).

Todos  los que han tomado el nombre  de Cristo  deben  pasar por  tan riguroso examen.  Tanto  los vivos como  los muertos  deben  ser juzgados ‘de acuerdo  con  las  cosas escritas  en  los  libros,  según  sus obras.’  Apocalipsis 20:12.

El Juez  dijo:  «Todos serán  justificados  por  su  fe, y juzgados  por  sus obras»…

El juicio  se  lleva ahora  adelante  en  el Santuario  celestial.  Esta obra  se viene  realizando  desde  hace  muchos  años.  Pronto  -nadie  sabe cuándo- les tocará  ser juzgados  a los vivos. En la augusta presencia  de Dios  nuestras vidas deben  ser pasadas  en  revista.  En este  más que en cualquier  otro tiempo  conviene  que  toda  alma  preste atención  a la  amonestación  del  Señor: «Velad  y orad:  porque   no  sabéis cuándo  será  el  tiempo».  «Y si no  velares, vendré  a ti como ladrón,  y no sabrás en qué hora  vendré  a ti». Marcos  13:33; Apocalipsis  3:3,  (The Faith I Live By, p. 211; parcialmente en La fe por lcual vivo, p. 213 y en El conflicto de los siglos, pp. 540, 544).

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Notas de Ellen G. White para la Escuela Sabática 2022.
4to. Trimestre 2022 «¿QUÉ ES EL HOMBRE? “LA VIDA ETERNA: LA MUERTE Y LA ESPERANZA FUTURA”»
Lección 13: «EL PROCESO DEL JUICIO»
Colaboradores: Wilber Valero & Esther Jiménez

 

 

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