El Big Bang y el actual debate de fe y ciencia

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¿Qué deben entender los cristianos, quienes creen en el relato bíblico del Génesis, con relación al Big Bang dentro de la idea de la Teoría de la Relatividad General y estudios sobre el tema? (Foto: Shutterstock).

Cuando se trata del origen de todo, el interés es generalizado. Eso se debe a que la pregunta “¿de dónde venimos?” permea la mente de todos, indistintamente. Sin embargo, algo interesante para pensar es que, hasta el inicio del siglo pasado, la visión académica tenía un consenso de que el cosmos no tuvo un origen, sino que era eterno e inmutable.

Recién con el desarrollo de técnicas especiales de la astronomía y la formulación de una de las teorías de la física más exitosas se desarrolló un modelo para el origen y la evolución del universo. Debido a la relevancia de ese tema, la filosofía y la religión, especialmente el cristianismo, fueron profundamente impactados por ese cambio de paradigma. Y, por eso, el presente artículo propone traer algunas aclaraciones y reflexiones sobre el Big Bang y su relación con la fe cristiana.

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La formulación del modelo del Big Bang ocurre por dos caminos distintos que se entrecruzarán en el futuro. El primero de ellos es el técnico/observacional. Este comienza con un descubrimiento de Vestor Slipher (1875-1969), en 1912. Su conclusión fue que, analizando la luz emitida por un objeto luminoso del cielo, podemos descubrir si este se está alejando o acercando a nosotros, y a qué velocidad, lo que permitiría saber la velocidad radial de las galaxias, estructuras gravitacionales que reúnen millones a trillones de estrellas, junto con gas y polvo estelar.

Desde el punto de vista teórico, en 1916, Einstein (1879-1955) descubre una ley física que describe la gravedad como una deformación en el tejido del espacio-tiempo, el espacio de cuatro dimensiones formado por las tres dimensiones del espacio y una del tiempo, la Teoría de la Relatividad General (TRG). A pesar de ser algo contraintuitivo, es una de las teorías mejor testeadas alguna vez formuladas por el hombre. Hasta el sistema del GPS de los celulares usa esa teoría. Y, en los últimos años, dos premios Nobel se entregaron para la confirmación de las previsiones de la TRG; una para la detección de ondas gravitacionales y otro para la previsión de la existencia de los agujeros negros.

Importancia de la Teoría de la Relatividad General

La importancia fundamental de la TRG para el Big Bang es que esta aplica los postulados de la Teoría de la Relatividad Especial, propuesta en 1905, a la gravedad, con base en una única ecuación en cuatro dimensiones, llamada ecuación de campo de Einstein. Fue por medio de la aplicación de la TRG y de los principios de la termodinámica al universo como un todo que el cura George Lemaítre (1894-1966) propuso, en 1927, que el universo podría no ser inmutable. Según él, el universo puede estar un proceso de expansión, siendo el punto de partida una condición infinitamente densa de energía. Por lo tanto, el universo no era eterno, sino que hubo un momento en el que todo comenzó, y ese todo es todo, no solo la materia que lo compone; también el propio tiempo y el espacio tuvieron un origen. Esa fue la propuesta teórica del modelo del Big Bang.

Hasta aquí no había en la comunidad científica ningún indicio de que ese modelo fuera verdadero. Eso recién ocurrió cuando el famoso astrónomo Edwin Hubble (1889-1953) midió la velocidad y la posición de 24 galaxias en relación con la Tierra, usando las técnicas de Slipher y de Leavitt; entonces se comprobó que nuestro universo no era una entidad estática, sino que estaba en expansión. Y tampoco era eterno, pues si hiciéramos el camino inverso de la expansión, habría un momento inicial. Tal medida fue la primera comprobación observacional de este modelo para la evolución del cosmos. Y es importante resaltar que los trabajos de Lemaítre no eran conocidos por Hubble y, por lo tanto, no influenciaron sus conclusiones.

Lecciones sobre el Big Bang

En este punto, podemos obtener algunas lecciones sobre el Big Bang. En primer lugar, no fue un modelo creado por una mente imaginativa, sino que es la aplicación de la sólida TRG, pues proviene de la solución de las ecuaciones de Einstein. En segundo lugar, el modelo fue confirmado a partir de observaciones concretas, posteriormente reafirmadas por otras observaciones más precisas. Además, ese modelo no fue motivado por intereses ideológicos o como justificación para una visión preexistente; por el contrario, surgió en conflicto con la cosmovisión vigente en el mundo científico de que el universo era eterno.

Con respecto al aspecto religioso, un hecho interesante es que los primeros opositores al modelo del Big Bang eran ateos que no soportaban la idea de un modelo científico que señalara el origen del universo. Y aquí el uso de “señalar” se justifica por el hecho de que esta propuesta no explica cómo se originó el universo, sino que indica que hubo un momento en el que el tiempo y el espacio, junto con todo lo que en ellos hay, comenzaron a existir.

Para sus críticos, ese modelo tenía un claro sesgo religioso. Lo que no es verdad, pues su formulación estaba fundada en la matemática, en la física y en las observaciones. Tal desconfianza, sin embargo, fue superada después de que diversas previsiones de modelos, que tenían el Big Bang como trasfondo fueran confirmadas por las observaciones.

La primera observación que confirmó las predicciones del Big Bang se produjo cuando Arno Penzias y Robert Wilson detectaron el eco energético que se liberó después del Big Bang, llamado radiación de fondo de microondas, en 1965. Esa misma radiación, cuando fue medida con mejores instrumentos, presentó variaciones promedio que eran necesarias para explicar por qué el universo posee regiones más densas que otras, exactamente como se esperaba si el modelo del Big Bang fuera correcto.

Otra observación que dio más sustento a este modelo fue la constatación de que la cantidad de helio medida en el universo no podría ser producida solo en el núcleo de las estrellas, sino que necesitaba haberse formado en los momentos iniciales de expansión. Y, más recientemente, se observó que existe una distancia en la distribución estadística de la materia en el espacio en el que la densidad es mayor, lo que se explica por las oscilaciones de presión ocurridas en el plasma inicial. En resumen, todas estas observaciones demuestran que el modelo del Big Bang es fruto de un sólido desarrollo teórico amparado por una gran cantidad de datos observacionales.

Debate en el medio cristiano

Hoy en día ha habido un fuerte debate en el medio cristiano sobre ese modelo para la evolución del cosmos. Curiosamente, las críticas actuales provienen de cristianos, que la acusan de ser un modelo que excluye a Dios, cuando en el inicio fue criticada por ser una propuesta que tenía un sesgo cristiano para la ciencia. Pero mucho de lo que se ha dicho puede ser fruto de equivocaciones tanto sobre el Big Bang como sobre la propia interpretación del texto bíblico.

Algo importante para resaltar es que el actual debate cristiano sobre el Big Bang parece pasar por alto algunos puntos esenciales. Primero, ese modelo no trata sobre la formación de estructuras en el universo; entonces, si las fotos recientes indican que las galaxias se formaron en un momento en que no debía haberlas, eso requiere una revisión no del Big Bang, sino del modelo de formación de estructuras.

Lo que hace el modelo para el origen del cosmos es indicar que hubo un origen y no propone que la causa para el origen sea algo puramente material y, por lo tanto, sin la necesidad de Dios. Otro error muy común es el de tratar el modelo del Big Bang como algo comparable a la teoría de la evolución. Tal visión es rápidamente corregida cuando comprendemos que este modelo es fruto de la aplicación directa de una teoría extremadamente bien probada y de observaciones criteriosas de sus previsiones matemáticas. De esta forma, es una metodología muy diferente de la aplicada en relación con la formulación de la propuesta de la evolución.

Desde el punto de vista de una posible contradicción con el Génesis, es importante que antes que nada estemos en condiciones de responder a la pregunta: ¿de qué se trata el Génesis? ¿De la creación del universo o de la creación de la Tierra? ¿Qué parecen indicar los otros textos bíblicos acerca de si el universo tiene o no la misma edad que la Tierra? Después de responder esas preguntas, estamos en condiciones de evaluar si un modelo robusto y que ha soportado tantas pruebas tiene o no contradicción con la fe cristiana.

Este tipo de disputa no es una novedad. Ya ocurrió cuando Galileo Galilei (1564-1642) observó que otros cuerpos no giraban alrededor de la Tierra, y muchos cristianos criticaron esa declaración. En esa época, interpretaban que la Biblia garantizaba que la Tierra era el centro del universo alrededor de la cual todos debían girar. Pero hoy sabemos cómo funciona el Sistema Solar y sabemos que en ese entonces había una interpretación incorrecta de los textos bíblicos.

Es muy cierto que también puede darse el proceso inverso, pues en algunos casos, la Biblia nos indicó un camino diferente del propuesto por la investigación académica del momento. Entonces, ¿cómo se puede resolver cada caso? Es necesario entender que el modelo del Big Bang, por lo menos de la forma en la que fue concebido, no representa ningún tipo de afronta a la explicación bíblica del origen de la vida en este mundo. El fiel que acepta la Biblia como la Palabra de Dios siempre debe buscar una interpretación bíblica coherente y también considerar la información que recibimos de la realidad física, pues Dios es el creador de ambas fuentes de conocimiento.

Rafael Christ Lopes es doctor en cosmología y profesor en el Instituto Federal do Maranhão, en Brasil.

Referencias:

Dodelson, Scott. Modern cosmology. Londres, Elsevier Science, 2003.

Heeren, Fred. Mostre-me Deus. Brasil, Clio Editora, 2009.

Singh, Simon. Big Bang. Brasil: RECORD, 2010.

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