Domingo 30 de Enero de 2022 | Matutina para Mujeres | Gracia extravagante

Matutinas febrero 1, 2022
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Gracia extravagante

“Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios” (Efe. 2:8, NTV).

¡Tenemos tanto miedo de la gracia! Muchas veces preferimos vivir empantanadas en el sentimiento de culpa porque creemos que, si aceptamos la gracia de Dios, daremos rienda suelta al pecado. Entonces, nos autoflagelamos con el látigo de la culpa, pensando que nos convertirá en mejores cristianas. Tristemente, esto solo nos aleja de Dios (porque es un intento de salvarnos con nuestros propios méritos). La gracia y el sentimiento de culpa nos hacen avanzar en direcciones opuestas. Cuando Dios nos mueve al verdadero arrepentimiento, nos da un empujoncito que nos acerca hacia él. Nos revela la dimensión de nuestro pecado, pero también la solución: su gracia. El sentimiento de culpa, en cambio, nos aparta de Dios porque nos induce al autocastigo, a intentar resolver la situación a nuestro modo. En pocas palabras, la culpa hace que nos escondamos de Dios, mientras que la gracia hace que corramos a sus brazos.

En su libro Extravagant Grace [Gracia extravagante], Barbara Duguid reflexiona: “Es posible odiar tu pecado y al mismo tiempo ser compasivo con tu propia debilidad. A veces actuamos como si solo existieran dos opciones: o bien odiamos nuestro pecado y nos castigamos por ello, o tomamos un descanso, lo que nos conduce al descuido y a pecar más. Hay otra opción. Al igual que el apóstol Pablo, podemos odiar nuestro pecado y planear no hacerlo, y sin embargo, entender y aceptar nuestra debilidad, abandonándonos a la misericordia de Dios”. ¡Estas son las extravagantes buenas noticias! Irónicamente, muchas veces no nos sentimos felices sino incómodas con la idea de recibir gracia, porque no queremos abandonarnos a su misericordia.

La realidad es que no puedes salvarte a ti misma, por mucho que te autoflageles con la culpa. Deja de resistir la gracia de Dios. “No podemos hacer nada, absolutamente nada, para ganar el favor divino”, escribe Elena de White, en Fe y obras. “Sin embargo, cuando vamos a Cristo como seres falibles y pecaminosos, podemos hallar descanso en su amor” (p. 38). ¡Abre tu corazón a su gracia!

Señor, gracias por el extravagante e inmerecido don de tu gracia. Hoy quiero dejar de resistirme y abrir mis manos, mi corazón y mi vida para recibirlo.

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