Domingo 29 de Enero de 2023 | Matutina para Menores | Servicio

Tiempo de lectura: 2 minutos

Servicio

“Abraham levantó la vista y vio que tres hombres estaban de pie frente a él. Al verlos, se levantó rápidamente a recibirlos, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente” (Génesis 18:2).

¡Qué gran privilegio tuvo Abraham de recibir a dos ángeles y al Hijo de Dios en su tienda de campaña! A la distancia los distinguió y los atendió de la mejor manera posible, y hasta comieron juntos. El patriarca demostró ser una persona servicial. Primero, corrió para invitarlos a que se quedaran en su hogar. Después, mostró respeto con su saludo (Abraham era oriental). También decidió atenderlos personalmente, aunque tenía muchos siervos. Fue rápido a pedirle a su esposa que preparara pan. Él mismo eligió el mejor de los becerros, lo preparó y sirvió la mesa para comer con los invitados inesperados.

Es interesante que el buen anfitrión no era un joven: estaba cerca de cumplir cien años y corría como un jovencito de un lugar a otro para hacer lo mejor en el menor tiempo posible. Qué buen ejemplo nos dejó para imitar. Te animo a que te distingas por demostrar una excelente disposición para servir en las tareas de tu hogar. Si te esfuerzas por ayudar, la vida en tu hogar será más agradable. Recuerda que formas parte de un equipo: tu familia. Así como en un equipo de futbol cada jugador tiene una función, en la familia cada uno tiene una responsabilidad.

Además del servicio en tu casa, puedes servir directamente a Jesús cuando ayudas a cualquier persona en alguna dificultad, desde ofrecer un vaso de agua, hasta ayudar a un anciano a cargar algo pesado. Jesús declaró: “Entonces los justos preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre, y te dimos de comer? ¿O cuándo te vimos con sed, y te dimos de beber?’ […] El Rey les contestará: ‘Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron’ ” (Mat. 25:37, 40).

Me imagino que el momento más inolvidable para Abraham fue cuando comió con los mensajeros celestiales. Debieron de haber tenido una conversación amena. Hoy, tú también puedes tener ese privilegio. Jesús quiere hablar contigo todos los días y tú puedes responder cuando decides conversar con él mediante la oración.

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