Domingo 20 de Noviembre de 2022 | Matutina para Menores | El ingrediente desagradable

Matutinas noviembre 16, 2022
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El ingrediente desagradable

“Las moscas muertas hacen que el ungüento del perfumista dé mal olor; un poco de insensatez pesa más que la sabiduría y el honor” (Eclesiastés 10:1).

Fibi tenía un problema. Y quedaban pocos minutos para resolverlo. Era casi la hora de comer para las niñas de la escuela de Kamagambo, África. ¡Y vendrían con hambre! Todos los días trabajaban en la huerta cuatro horas antes de probar bocado, así que esperaban con ganas el guisado y la harina de maíz cocida como pan. ¿Les diría lo que había ocurrido? ¡Qué responsabilidad tenía delante suyo! Hubiera preferido no ser la jefa de cocina esa mañana.

Cuando se formaron, con el alegre sonido de platos y algunas cucharas, Fibi tomó aire. Golpeó un plato y dirigió unas palabras al grupo, y les pidió que tomaron una decisión. Las filas se rompieron y las chicas comenzaron a discutir lo que Fibi les había dicho. Finalmente, se acercaron con su decisión:

–No podemos comer polenta. Queremos que la preceptora lo sepa porque no iremos a la escuela con el estómago vacío. Solo el guiso no será suficiente.

Fibi suspiró y se dirigió a la casa de la preceptora a decirle que las chicas no querían comer. Aunque la misionera no entendía por qué, la acompañó en silencio, ya que las señoritas africanas no hablan hasta que deciden hacerlo. Al llegar al comedor, vio dos ollas en su lugar, con comida deliciosa y humeante.

–¿Qué pasa? ¿Por qué no comen? Aquí hay dos ollas de deliciosa comida.

Y, tomando un poco de harina de maíz cocida, la masticó y la tragó.

–Chicas, esta comida huele y sabe delicioso –dijo la misionera, desesperada.

Fue entonces cuando las cocineras le contaron qué había sucedido. La noche anterior había habido una pelea de ratas en uno de los tirantes del techo. Y la rata perdedora había caído en la olla de harina de maíz hirviendo…

–Señora preceptora, antes nosotras comíamos ratas, ratones, y otros animales inmundos. Pero ahora somos cristianas. Por eso, no lo podemos comer.

La preceptora quedó pensando lo que tal vez tú piensas ahora: ¡Qué enorme cantidad de algo que parece bueno, huele bien y tiene buen sabor, puede arruinarse con algo tan pequeño y malo! Una manchita en el corazón, que de otra manera es limpio, y todo queda arruinado.

¿Qué pasó con las chicas? Comieron su guiso con unos bananos verdes asados rápidamente, felices de haber sido leales a Dios. ¡Sé leal tú también!

Cinthya

Adaptado del relato “El ingrediente desagradable”, de Alta Robinson, El Amigo de los niños, año 3, tercer trimestre de 1977, N° 3).

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