Domingo 10 de Julio de 2022 | Matutina para Adultos | ¿Nunca?

Adultos julio 7, 2022
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¿Nunca?

“El que crea estar firme, tenga cuidado de no caer” (1 Corintios 10:12, RVC).

Si algún día cedieras ante la tentación, ¿cuál crees que sería el pecado que te haría caer? Una pregunta similar se la hizo alguien a un predicador que estaba de visita en cierto lugar. ¿Qué respondió él? Dijo que nunca pecaría en el área de sus relaciones personales. Varios años después de esa conversación, el hombre cayó en el pecado que pensó que nunca cometería. Una decisión, aparentemente inofensiva, llevó a otra, y a otra… Sin percatarse, se fue acercando cada vez más al abismo, hasta que cayó precisamente en el aspecto de su vida que él consideraba más seguro.

“Así que, el que crea estar firme, tenga cuidado de no caer”, dice nuestro texto de hoy. ¡Cuán llena está la Escritura de casos que ilustran esta gran verdad! Por la mente del apóstol Pedro jamás cruzó la idea de negar al Señor, pero eso fue exactamente lo que hizo. El rey David, de quien Dios llegó a decir que “era varón conforme a su corazón” (Hech. 13:22), nunca imaginó que algún día podría cometer el doble pecado de adulterio y asesinato. ¿Y qué decir del profeta Elías? Si había algún rasgo de carácter que lo identificaba, ese era su valentía, su intrepidez. Sin embargo, fue por temor a Jezabel que huyó del puesto del deber e incluso llegó a desear la muerte.

¿Captamos la idea? Nunca lleguemos a acariciar la idea de que hay aspectos de nuestra vida en los que nunca caeremos. ¿Por qué? En primer lugar, porque es muy fácil desproteger lo que ya consideramos que está fuerte. En segundo lugar, porque la batalla en la que estamos involucrados es de naturaleza espiritual. Y precisamente porque es una batalla espiritual, solo podremos librarla con éxito si dependemos completamente de Cristo.

No nos engañemos al pensar que hay aspectos de nuestra vida en los que nunca caeremos. Más bien, desconfiemos de nosotros mismos, y confiemos la custodia de nuestra alma “a aquel que es poderoso para guardarnos sin caída y para presentarnos irreprensibles delante de su gloria con grande alegría”; a ese “único Dios, nuestro Salvador por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea la gloria, la majestad, el dominio y la autoridad desde antes de todos los siglos, ahora y por todos los siglos. Amén” (Jud. 24, 25; parafraseado, RVA-2015).

Gracias, Padre celestial, porque a pesar de mis caídas, tú hoy me has dado una segunda oportunidad. Sobre todo, gracias porque en Cristo puedo encontrar toda la fuerza que necesito para vivir de un modo que glorifique tu nombre.

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