Domingo 09 de Abril de 2023 | Matutina para Mujeres | Recordar es vivir

Tiempo de lectura: 2 minutos

Recordar es vivir

Teman al Señor y sírvanle con fidelidad y con todo su corazón, considerando cuán grandes cosas él ha hecho por ustedes. 1 Samuel 12:24, RV2015.

Así terminó Samuel su discurso de despedida. Les aseguró que continuaría orando constantemente por ellos (ver 1 Samuel 12:23). El hecho de que estés en desacuerdo con alguien no debe estorbar tus oraciones intercesoras en favor de esa persona. Les rogó que recordaran las grandes cosas que Dios había hecho por ellos (ver 1 Samuel 12:7). Reflexionar en las bondades pasadas de Dios fortalecerá tu fe. Estamos tan orientados hacia el progreso y un futuro brillante, que tendemos a olvidar lo que Dios ha hecho por nosotras. “Una de las cosas que más necesitan los hombres hoy día es darse tiempo para la meditación en la infinita bondad de Dios y en las pruebas de su cuidado y conducción” (2CBA, p. 505).

“Recordar es vivir”, y recordar las bondades de Dios es comenzar a vivir con gratitud, con alabanzas por tanta misericordia. Dejar de recordar es dejar de agradecer, y peligra nuestra vida espiritual. “Todo lo que respira alabe a Jah”. ¿Hemos considerado alguno de nosotros de cuántas cosas debemos estar agradecidos? ¿Recordamos que las misericordias del Señor se renuevan cada mañana, y que su fidelidad es inagotable? ¿Reconocemos que dependemos de él, y expresamos gratitud por todos sus favores? Por el contrario, con demasiada frecuencia nos olvidamos de que “toda buena dádiva y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces” (Sant. 1:17) (4TS, p. 77).

Recordar las bendiciones del pasado te protege contra el egoísmo. Un corazón agradecido es un corazón generoso. “Al pensar en lo que ha hecho por nosotros, nuestros corazones se debieran llenar de gratitud y amor, y debiéramos renunciar a todo egoísmo y pecado. ¿Qué deber podría dejar de cumplir el corazón, si toma en cuenta la influencia constrictiva del amor a Dios y a Cristo? ‘Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí’ (Gál. 2:20)” (CDCD, p. 313).

Lleva un diario de bendiciones, con fecha. Cuando te sientas desanimada y el enemigo te susurre que no le importas a Dios, saca tu diario y repasa los eventos en que viste la mano poderosa de Dios. Una actitud de agradecimiento y alabanza embargará tu vida.

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